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El miedo patológico a ser diferente; el Síndrome de Solomon (I)

El experimento de Solomon:

 

En los años 50, al psicólogo Solomon Asch se le ocurrió un experimento. Mostraba a un grupo de estudiantes cuatro líneas y les pedía que dijeran en voz alta cuál de las tres primeras líneas era igual a la cuarta ubicada justo al lado de las mismas. Todos los estudiantes con excepción de uno (a quien le dejaba responder el último para que así se percatara de la opinión de sus compañeros) tenían la instrucción de responder de manera incorrecta a pesar de que la respuesta fuera obvia. Los resultaros mostraron como un 75% de los sujetos experimentales (los que respondían los últimos) se dejaban influir por la respuesta errónea de sus compañeros emitiendo también ellos una respuesta errónea.

 
Cuando en una sala privada Solomon preguntaba de nuevo al sujeto experimental, todos conocían la respuesta correcta y manifestaban no haberse atrevido a decirlo porque era diferente a lo que pensaba el grupo, explicando su comportamiento por el miedo a hacer el ridículo o a equivocarse. Este experimento de psicología social muestra como el ser humano está altamente influenciado por la conducta de su propio grupo, por lo que su experimento se recoge por los teóricos del crecimiento personal para poner nombre a un conjunto de conductas derivadas de la imitación o presión del grupo que se agrupan bajo el epígrafe ‘Síndrome de Solomon’.

 
¿En qué consiste el Síndrome de Solomon?

 

Todos nos hemos encontrado ante situaciones en las que hemos preferido no mostrar nuestra opinión a pesar de estar seguros de ella porque el resto del grupo pensaba lo contrario. El Síndrome de Solomon puede definirse como el miedo patológico a ser el elemento diferente a un grupo, un temor que provoca que, con el fin de evitarlo y no quedar mal, el sujeto opte por hacer lo mismo que hace el grupo. Si observamos un grupo de animales (por ejemplo una bandada de pájaros) veremos cómo ante determinadas circunstancias la actuación del grupo es la misma por parte de todos sus miembros. En este sentido, hacer lo que hacen los otros en un primer momento puede resultar adaptativo para la especie, puesto que nos protegeríamos frente a posibles peligros. Esto es también aplicable para el ser humano.

 
Sin embargo, una vez más el denominado “animal inteligente” vuelve a convertir lo adaptativo en desadaptativo, ya que esta conducta aplicada en situaciones sociales que no lo merecen (por ejemplo dejar de dar nuestra opinión o no actuar como nosotros consideramos ante una injusticia o una situación laboral por no separarnos del comportamiento grupal…) puede hacer que perdamos nuestra identidad, dando lugar a problemas sociales y personales.

 
Y es que, la necesidad de sentirse aceptado por todo el entorno, así como la deseabilidad social (llevar a cabo una conducta socialmente deseable) son dos de los principales factores causantes del síndrome de Solomon, en el que se desarrolla un comportamiento con el que se intenta evitar el juicio social negativo, haciendo que perdamos así la posibilidad de brillar “con luz propia”.

 
Perfil de una persona con síndrome de Solomon:

 
La deseabilidad social (llevar a cabo conductas socialmente deseables o aprobadas) es común en la mayoría de las personas. Sin embargo, el síndrome de Solomon (SS) es la deseabilidad social llevada al extremo por miedo a destacar o diferenciarse del grupo. Las personas con SS cumplen el siguiente perfil:

 
Elevada ansiedad social: se caracteriza por la ansiedad ante situaciones grupales en las que la persona se siente evaluado o juzgado (por ejemplo dar una opinión en un grupo de compañeros de trabajo, proponer a un puñado de amigos una actividad, etcétera) o circunstancias interpersonales (de tú a tú) donde la persona siente ansiedad por miedo al juicio que la otra persona tiene sobre ella.
Baja autoestima y tendencia a la infravaloración: cualquier opinión (incluso sobre ellos mismo) la consideran más válida que la suya propia. Este hecho les lleva a actuar como los oros quieren sintiendo a largo plazo que nadie les tiene en cuenta y que no les valoran.
Dificultad para tomar decisiones: le dan vueltas a la cabeza sin llegar a decidirse por nada, siendo finalmente el problema el no haber tomado la decisión más que el error por haber tomado una inadecuada. Esta falta de capacidad para tomar decisiones les hace dudar aún más de sí mismos.
Dependencia emocional: mantienen la creencia irracional de que existen otros más fuertes que ellos que son los que deben resolver sus problemas y cuyas opiniones son más valorables que la de ellos mismos.
Elevada deseabilidad social: son personas que necesitan sentirse excesivamente aprobadas por el grupo.
Alta sensibilidad ante las críticas ajenas.

 
Para identificar y saber si una persona sufre síndrome de Solomon podemos destacar una serie de señales que lo sugieren:

 
El temor a decir lo que piensan y si lo hacen será en consonancia con la media.
Intentan no sobresalir ni diferenciarse de un grupo de referencia (visten igual, no llevan la contraria, muestran las mismas preferencias, etcétera).
No toman decisiones esperando que otros la tomen por ellos.
Siempre hace lo que quiere el grupo o personas significativas, no pelea sus ideas.
Les gusta pasar desapercibidos.
Dudan de sus propias creencias o decisiones y ven a los demás como más exitosos que ellos.

 
En un post posterior, señalaremos medidas para superar este síndrome, que como decimos, el mayor riesgo es la pérdida de personalidad e identidad propia.

 

Montserrat
Montserrat
Montserrat Guerra Saiz es licenciada en Psicología y tiene una amplia experiencia en el campo de la psicología clínica, con casi 20 años de trabajo dentro del ámbito de la salud mental. Su formación y experiencia tiene objeto a todas las edades; adultos, adolescentes y niños.

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