Los niños realizan muchas conductas que se pueden tildar de rituales: pasar sólo por las baldosas de determinado color, cruzar los dedos ante determinada situación, pintar con un determinado color… Simples juegos. Sin embargo, hay niños que van más allá y hacen determinadas conductas para reducir su malestar.

Cuando son pequeños ese malestar es confuso y complicado de explicar; cuando crecen, tienen motivos claros.

Las obsesiones más comunes en niños están relacionadas con la contaminación, hacerse daño a sí mismos o a otros, la necesidad de simetría y orden, y equivocarse. Y las compulsiones tienen que ver con estos temas: lavado, comprobación, orden, repetición, y rituales como rezar, contar, repetir frases.

Es habitual que entre los 4 y 8 años los niños ejecuten rituales, como parte normal del desarrollo, por lo que es complicado para los padres es diferenciar entre conducta adaptativa y desadaptativa.

Es útil diferenciar entre pensamiento mágico, ritual y comprobación:

− Pensamiento mágico: creencia de que un evento es causado por algo que en realidad no tiene relevancia alguna sobre el mismo. Por ejemplo, creer que la luz se enciende porque la persiana está bajada.

− Ritual: secuencia de comportamientos que, en caso de no realizarse, generan malestar en el individuo bajo la creencia de que ocurrirá algo nefasto o saldrá mal lo que esté haciendo. En algunas ocasiones la creencia acaba desapareciendo para dejar paso únicamente al ritual. Por ejemplo, encender y apagar la luz tres veces antes de irse a dormir.

− Comprobación: repetición generalmente sistemática de un comportamiento orientado a confirmar que algo en el entorno o en el individuo se encuentra en el estado en que el propio individuo cree que está. Por ejemplo, “¿he apagado la luz?”.