Traumas / Duelos

Gabinete de Psicología Montserrat Guerra


Psicologo Infantil en Santander

Traumas:

Los traumas infantiles se generan por una vivencia dolorosa que impacta en el equilibrio emocional del niño.

Algunas situaciones que pueden provocar un trauma infantil:

  • Violencia y/o acoso en el hogar o en el colegio.
  • Abusos sexuales y/o físicos.
  • Malos tratos.
  • Experiencias con desastres naturales como terremotos, fuego, inundaciones, etc.
  • Haber visto o estado inmerso en accidentes graves, o situaciones duras.
  • Problemas médicos.
  • Muerte o desaparición de un ser cercano.
  • Hechos relativamente insignificantes para un adulto pero que un niño percibe grave.
  • Otros.

Algunos síntomas de sufrir algún trauma durante la infancia son:

  • Cambio de carácter. Enfado. Irritabilidad.
  • Tristeza y desesperanza.
  • Confusión y dificultades para concentrarse.
  • Ansiedad y nerviosismo.
  • Miedos.
  • Bajo rendimiento escolar.
  • Quiere pasar desapercibido ante personas y situaciones.
  • Insomnio, pesadillas o dificultades para dormir.

Cada niño vive los acontecimientos de diferente manera, pero podemos señalar algunas razones/causas por las que una de sus vivencias puede convertirse en un hecho traumático:

  • Le ha llegado por sorpresa y representa un shock.
  • No estaba preparado para vivirlo.
  • Se ha sentido débil y desprotegido al no poder afrontarlo.
  • Ha ocurrido en repetidas ocasiones.
  • etc.

En definitiva, los niños tienen menos herramientas emocionales y de todo tipo para afrontar situaciones, lo que les provoca una indefensión difícil de asumir, es necesario dotar al niño de seguridad y confianza para analizar el hecho desencadenante y desmontarle para que no sea temido.

Duelo:

El duelo es el proceso psicológico que se produce a partir de una pérdida. Es la reacción frente a la pérdida de algo significativo, puede ser desde una persona, un animal, una cosa, una relación, etc. Es una emoción humana y universal, única y dolorosa y conduce a la necesidad de adaptarse a una nueva situación.

Hay que resaltar que el sentimiento de pérdida no sólo se manifiesta después de que ésta ocurre, también suele presentarse antes, como por ejemplo en el diagnóstico de una enfermedad terminal o en situaciones más triviales de la vida como el temor a perder algún objeto material o la amistad y el cariño de ciertas personas.

Al contrario de lo que muchas personas piensan, no se debe ocultar la propia tristeza, porque entonces los niños podrían reprimir sus sentimientos y esto es insano. Es necesario expresar el dolor, pero de una forma correcta que conlleve un proceso satisfactorio.

Fases del duelo en niños: Momentos evolutivos.

Las fases del duelo en niños presenta unas características peculiares depende del momento evolutivo en el que se encuentra el/la niño/a, ya que sus recursos personales están en desarrollo y dependen de los adultos para afrontar y resolver situaciones problemáticas. Existen algunos gestos y actitudes por parte de los adultos que rodean al niño que le ayudarán a comprender y sentirse mejor ante la experiencia de la pérdida de un ser querido.

La comprensión del significado del concepto de muerte se va construyendo con la edad, de forma que según la etapa del desarrollo nos encontraremos con respuestas diferentes de los niños.

  • Antes de los 2 años, la muerte es igual a separación. No entienden el significado.

  • Entre los 3 y los 6 años los niños no entienden el concepto de irreversibilidad de la muerte. Poseen una comprensión limitada. Existe pensamiento mágico, piensan que quien muere, puede volver a la vida. Pueden llegar a un retroceso de conductas: descontrol de esfínteres o ansiedad por separación. Es aconsejable darle una explicación centrado en animales, evitar expresiones como “se ha ido”, ya que pueden fomentar síntomas como la ansiedad por separación, miedos a separarse de los seres queridos, querer dejar actividades por estar con los padres, …

    Podemos encontrarnos que hasta los 6 ó 7 años los niños pueden creer que la persona fallecida va a volver, se va a curar o a despertar de repente, o que puede oírles o verles.

  • Entre los 6 y los 9 años los niños dicen y actúan tal cual sienten y son francos, nos hacen preguntas directas. Tienen una necesidad de conceptualizar la muerte, ya distinguen entre realidad y fantasía, pueden comprenderla con ligeras limitaciones. Puede aparecer la culpa y sentirse responsables de algún modo de lo sucedido. Se aconseja explicárselo con palabras sencillas y sinceras: “Todos los seres tienen que morir algún día y le ocurre a todo el mundo, no es culpa de nadie, sino que es algo natural, triste, pero natural”. Hay que favorecer la expresión de ideas y sentimientos, que cuente lo que siente, recordar hechos ocurridos con esa persona de forma bonita, mantenerse cerca psicológica y físicamente. Abrazarlo, escucharlo y llorar junto a él.

  • Entre los 9 y los 11 años, las reacciones son intensas y es importante para ellos la implicación y participación en la situación de pérdida familiar y en los rituales que se realicen. Es posible que el menor muestre reacciones psicosomáticas.

  • De los 12 a los 14 años se pueden dar momentos de aflicción intensa y privada y están muy influenciados por su grupo de iguales y la cultura.

  • De los 15 a los 17 años el tiempo de aflicción es similar al de los adultos. Es necesario favorecer la expresión de emociones para evitar el aislamiento o conductas disruptivas.

Es importante que transmitamos a los niños de la forma más clara posible tres aspectos fundamentales a cerca de la muerte:

  1. Que la muerte es irreversible y permanente
  2. Que la muerte se identifica con la desaparición de las funciones vitales.
  3. Que la muerte es universal y que todos antes o después debemos morir.

Lo principal es que los niños se encuentren en un ambiente lleno de cariño, seguridad y protección. Aquí os pongo algunas de las principales necesidades que van a tener los niños en duelo y que no debemos olvidar.

  • Que algún adulto esté disponible. Que no se sientan solos en medio de todo el caos y revuelo familiar.

  • Que sean escuchados y atendidos en sus demandas.

  • Que alguien tome la iniciativa con ellos (que juegue con ellos, se haga algo con ellos…)

  • Ayudarles a comprender lo que está pasando. Decir la verdad de acuerdo a su edad. Información adecuada.

  • Afecto y seguridad

  • Ajustarnos a su curiosidad y no contestar preguntas antes de que las hagan, pero no evitar el tema, pueden entender que es algo malo y no deben preguntar.

  • Participación. Ofrecerles la posibilidad de participar en todos los rituales funerarios.

  • Realizar planes al aire libre, deporte, naturaleza, …

  • Evitar que participen de demasiada información sobre temas de adultos, recordar que escuchan y llenan los huecos informativos con su propia información, dando lugar a malentendidos.
  • Cuidado con las metáforas:

    • “la muerte es como un viaje”, miedo a las vacaciones, padres que vuelven tarde, …
    • “descanso eterno o no sufrió se quedó dormido/a” miedo a dormir.

Ante la necesidad de situar al fallecido en algún lugar aparecen en nuestra cultura aspecto como el cielo para los cristianos, las estrellas en teorías más centradas en energías, o en el recuerdo de las personas que lo han querido más centradas en rasgos humanísticas.

¿Cómo actuar con un niño ante una pérdida?:

  • Explicar la perdida con términos comprensibles y reales.
  • Escuchar las inquietudes, temores y fantasías del niño.
  • Hacerle saber que no tiene la culpa.
  • Que se sienta seguro, explicarle que siempre habrá una persona adulta de confianza que le va a cuidar.
  • Explicarle que la situación no tiene por qué volver a suceder con otras personas, mascotas, cosas… la pérdida ha sucedido puntualmente.
  • Abrazarle, besarle, transmitirle todo el cariño posible.
  • Asegurarle que volverá a sentirse bien.

El duelo es un camino largo y sinuoso. Su meta no es el olvido, sino aprender a vivir con la pérdida. La capacidad de cargar con el dolor y la tristeza e irlos disminuyendo hasta lograr desprenderse de ellos, es la esencia de un duelo sano y normal.