Actualidad · Psicología · Salud · Onda Cero Cantabria

Inyecciones para adelgazar y salud mental: lo que debemos tener en cuenta

Las inyecciones para adelgazar ocupan cada vez más espacio en conversaciones, redes sociales y medios de comunicación. Se habla de Ozempic, Wegovy, Mounjaro, semaglutida, tirzepatida y otros tratamientos que pueden utilizarse en determinadas situaciones médicas. Sin embargo, junto a la pérdida de peso existe otra dimensión que conviene no olvidar: qué sucede con la comida, la ansiedad, la imagen corporal, la autoestima y el miedo a recuperar peso.

Inyecciones para adelgazar y salud mental durante un tratamiento médico para controlar el peso
Los tratamientos médicos destinados al control del peso requieren indicación y seguimiento sanitario. Cuando aparecen dificultades emocionales, alimentarias o de imagen corporal, puede ser útil incorporar también acompañamiento psicológico.

Este lunes 5 de octubre, Montserrat Guerra, psicóloga y directora del Área Clínica del Gabinete de Psicología en Santander, ha abordado esta cuestión en el programa Más de uno Cantabria, de Onda Cero.

El interés psicológico de estos tratamientos no está en decidir si una determinada medicación debe utilizarse o no. Esa valoración corresponde a los profesionales médicos. Desde la psicología nos interesa otra pregunta: ¿qué ocurre emocionalmente antes, durante y después de adelgazar?

Porque una reducción importante del apetito o una pérdida significativa de peso pueden modificar muchos aspectos de la vida, pero no necesariamente transforman de manera automática la relación que una persona mantiene consigo misma.

Alguien puede adelgazar y sentirse físicamente mejor, pero continuar pendiente de la báscula. Puede reducir los atracones y seguir teniendo miedo a determinados alimentos. Puede recibir comentarios positivos sobre su nuevo cuerpo y empezar a pensar que ahora es más aceptado porque pesa menos.

Y también puede suceder lo contrario: que el tratamiento médico forme parte de un proceso de cuidado adecuado, que la persona mejore su salud y que, paralelamente, vaya construyendo una relación más flexible con la comida y con su cuerpo.

Inyecciones para adelgazar Ozempic, Wegovy y Mounjaro Psicología alimentaria Imagen corporal Ansiedad y alimentación

La idea principal es sencilla: un tratamiento médico para perder peso puede ser muy útil cuando está correctamente indicado, pero adelgazar y sentirse psicológicamente bien no son exactamente lo mismo.

Montserrat Guerra durante una intervención en Onda Cero Cantabria
Montserrat Guerra en Onda Cero

Cuando adelgazar no resuelve todo lo que ocurre alrededor de la comida

En su intervención en Onda Cero, Montserrat Guerra ha analizado precisamente esta parte menos visible de los tratamientos para perder peso: qué ocurre cuando disminuyen los kilos pero siguen presentes el miedo a engordar, la culpa después de comer, la ansiedad, la preocupación corporal o la necesidad de controlar constantemente el peso.

El abordaje responsable pasa por diferenciar funciones. El tratamiento farmacológico necesita seguimiento médico. La psicología puede intervenir cuando aparecen dificultades relacionadas con emociones, hábitos, alimentación, autoestima o imagen corporal.

Escuchar Más de uno Cantabria

¿Qué son realmente las llamadas inyecciones para adelgazar?

La expresión “inyecciones para adelgazar” agrupa de manera coloquial medicamentos distintos que pueden utilizarse en determinados pacientes dentro del tratamiento de la diabetes tipo 2, la obesidad o el sobrepeso asociado a determinadas circunstancias clínicas.

Algunos actúan sobre mecanismos relacionados con las incretinas y sobre receptores como el GLP-1. Entre los nombres que más se han popularizado aparecen semaglutida, liraglutida y tirzepatida, además de marcas comerciales ampliamente conocidas.

Pero que todos estos nombres aparezcan juntos en titulares no significa que sean iguales, intercambiables o adecuados para cualquier persona.

La indicación de un medicamento, su dosis, duración, posibles contraindicaciones, efectos adversos y seguimiento pertenecen siempre al ámbito médico.

No son productos de consumo libre.

Este tipo de medicación no debería iniciarse, modificarse ni suspenderse por iniciativa propia. La popularidad de un fármaco no elimina la necesidad de receta, valoración sanitaria y seguimiento profesional.

Desde nuestro ámbito profesional no prescribimos estos medicamentos. El trabajo psicológico comienza en otro lugar: en comprender qué relación mantiene la persona con la comida, qué espera conseguir al adelgazar, cómo vive los cambios corporales y qué ocurre emocionalmente durante todo el proceso.

El resultado no puede valorarse únicamente por los kilos perdidos

Es comprensible que durante un tratamiento para perder peso exista atención a la báscula. El peso forma parte del seguimiento sanitario y puede aportar información relevante.

El problema aparece cuando se convierte en el único indicador de éxito.

Dos personas pueden perder exactamente la misma cantidad de peso y encontrarse psicológicamente en situaciones muy distintas.

Una evolución puede resultar más flexible

La persona mejora determinados hábitos, entiende mejor sus señales de hambre, tolera pequeñas oscilaciones corporales, mantiene vida social y no interpreta cada comida como una amenaza.

Otra puede volverse cada vez más rígida

Se pesa continuamente, tiene miedo a recuperar cualquier cantidad de peso, elimina alimentos, evita comer fuera y condiciona gran parte de su autoestima a la báscula.

Desde una fotografía externa ambas personas podrían parecer igualmente exitosas porque han adelgazado.

Desde el punto de vista psicológico, la diferencia es enorme.

Perder peso puede mejorar aspectos de la salud. Convertir el peso en la medida de nuestro valor personal puede generar un problema diferente.

¿Por qué quiero adelgazar?

Esta pregunta merece más atención de la que suele recibir.

No todas las personas desean perder peso por las mismas razones.

Alguien puede querer mejorar su movilidad, reducir determinados riesgos médicos, aliviar molestias físicas o seguir una recomendación profesional.

Otra persona puede pensar que solo será atractiva, querida o aceptada cuando alcance determinado cuerpo.

Hay una diferencia importante entre:

“Quiero cuidar mejor mi salud” y “necesito adelgazar para dejar de odiarme”.

En ambos casos puede existir el deseo de cambiar el peso, pero el punto de partida emocional no es el mismo.

Cuando una persona deposita toda su expectativa de bienestar en alcanzar una talla determinada puede descubrir después que el cuerpo ha cambiado más rápidamente que la forma en que se mira.

Por eso el acompañamiento psicológico puede ayudar a revisar expectativas, reducir la autoexigencia y trabajar cuestiones relacionadas con la autoestima y la imagen corporal.

¿Qué función tenía la comida antes del tratamiento?

Comer no responde únicamente al hambre fisiológica.

En determinados momentos utilizamos la comida también como recompensa, alivio, entretenimiento, consuelo o forma de desconectar.

Puede ocurrir después de un día difícil, durante una etapa de mucha ansiedad, cuando estamos aburridos, frustrados, cansados o solos.

Esto no implica automáticamente la existencia de un trastorno de la alimentación.

Significa que la comida también puede tener una función emocional.

Si un medicamento reduce mucho el apetito, puede cambiar considerablemente la conducta alimentaria. Pero la emoción que antes gestionábamos a través de la comida puede continuar ahí.

La pregunta entonces deja de ser únicamente “¿tengo hambre?” y pasa a ser también “¿qué hago ahora cuando estoy nervioso, triste, frustrado o agotado?”.

  • ¿Distingo el hambre física de las ganas de comer por ansiedad?
  • ¿Sé identificar qué emociones me llevan a buscar comida?
  • ¿Tengo otras formas de regularme cuando estoy estresado?
  • ¿Me permito comer con flexibilidad o sigo dividiendo los alimentos entre buenos y malos?
  • ¿Qué pienso que ocurrirá si aumenta nuevamente mi apetito?
Apoyo psicológico para mejorar la relación con la comida

Atracones: reducir el apetito no equivale siempre a resolver el problema

Los episodios de atracón requieren una atención específica.

Un atracón no se define simplemente porque una persona haya comido más cantidad de la que tenía prevista. Existe habitualmente una experiencia subjetiva de pérdida de control: la sensación de que una vez iniciado el episodio resulta muy difícil detenerse.

Puede existir rapidez al comer, vergüenza, culpa posterior, ocultación de la conducta y una gran preocupación por que vuelva a suceder.

Algunas personas llegan a estos tratamientos después de años alternando dietas restrictivas, periodos de mucho control y momentos de pérdida de control.

En estos casos, modificar el apetito puede influir en la frecuencia o intensidad de determinadas conductas, pero no sustituye la necesidad de entender qué factores psicológicos las desencadenan y mantienen.

La intervención puede incluir regulación emocional, flexibilidad alimentaria, reducción de restricciones extremas, identificación de desencadenantes y trabajo sobre culpa y autoestima.

Tratamientos para adelgazar y antecedentes de trastornos alimentarios

Cuando existe una historia actual o previa de anorexia, bulimia, trastorno por atracón u otras dificultades significativas relacionadas con la alimentación, la valoración debe ser especialmente cuidadosa.

Lo mismo ocurre cuando, aun sin existir un diagnóstico formal, aparecen señales como miedo intenso a engordar, restricción importante, ejercicio compensatorio, vómitos, obsesión con las calorías, necesidad de pesarse continuamente o una autoestima excesivamente dependiente del cuerpo.

Un artículo divulgativo no puede determinar si un medicamento está indicado en una persona concreta.

Esa decisión corresponde al equipo médico.

Desde la psicología sí podemos señalar que los antecedentes alimentarios, la imagen corporal y la situación emocional forman parte del contexto de la persona y no deberían ignorarse.

Puedes consultar también nuestra información sobre trastornos de la alimentación.

Adelgazar no significa necesariamente empezar a gustarse

Existe una expectativa muy extendida: “cuando baje de peso estaré bien conmigo”.

A veces la pérdida de peso produce mejoras físicas y puede aumentar la comodidad corporal.

Sin embargo, la imagen corporal no depende únicamente del tamaño del cuerpo.

Hay personas que siguen mirándose con mucha dureza después de adelgazar. Otras empiezan a observar con preocupación zonas del cuerpo que antes no constituían un problema.

También pueden influir intensamente los comentarios del entorno.

Frases como “qué bien estás ahora”, “estás mucho mejor” o “qué cambio has dado” suelen pronunciarse con intención positiva, pero pueden reforzar una idea problemática:

“Si ahora recibo más aprobación porque he adelgazado, quizá antes valía menos”.

Cuando la aceptación personal queda demasiado vinculada al peso, cualquier futura oscilación puede vivirse como una amenaza emocional.

Por eso puede ser importante trabajar paralelamente inseguridad, autoestima y complejos.

Cuando la báscula empieza a decidir si el día ha ido bien o mal

Pesarse puede formar parte de un seguimiento sanitario. Lo problemático aparece cuando el número determina el estado de ánimo.

Cuando el peso manda

“He bajado, así que hoy estoy haciendo las cosas bien”.

“He subido un poco, he fracasado”.

“Tengo que compensar lo que comí ayer”.

“Si recupero peso, volveré al punto de partida”.

Una relación más flexible

El peso es solo uno de los indicadores de salud.

El cuerpo puede fluctuar.

Una comida no determina todo un proceso.

Mi valor personal no depende de una cifra.

Alcanzar esta segunda perspectiva puede requerir tiempo, especialmente cuando una persona ha vivido durante años sometida a dietas, comparaciones y presión estética.

Inyecciones para adelgazar y salud mental: qué conviene observar

Durante los últimos años ha existido interés científico y regulador por conocer mejor la relación entre determinados tratamientos utilizados para el control del peso y la salud mental.

A la hora de hablar de este tema es importante evitar conclusiones alarmistas.

No debemos atribuir automáticamente cualquier cambio emocional a la medicación.

Pero tampoco sería prudente ignorar cómo está viviendo psicológicamente la persona un proceso que puede modificar de forma considerable su peso, su apetito, su cuerpo y la atención que recibe del entorno.

Durante el proceso pueden aparecer o intensificarse cuestiones como:

  • ansiedad;
  • miedo a recuperar peso;
  • culpa asociada a determinadas comidas;
  • preocupación corporal excesiva;
  • comparación constante;
  • presión por continuar adelgazando;
  • antecedentes de dietas muy restrictivas;
  • cambios importantes en la autoestima;
  • preocupación ante la posibilidad de abandonar el tratamiento.
Importante.

Si durante cualquier tratamiento aparecen cambios intensos del estado de ánimo, depresión grave, pensamientos autolesivos, ideas suicidas o alteraciones preocupantes de conducta, debe comunicarse inmediatamente a los profesionales sanitarios responsables y solicitar atención adecuada.

El riesgo de utilizar medicación sin supervisión médica

La popularidad de estos medicamentos ha generado también un fenómeno preocupante: personas que intentan obtenerlos a través de canales no autorizados, intercambian medicación o los utilizan sin una valoración sanitaria adecuada.

Cuando un medicamento necesita receta, la receta no es simplemente un trámite administrativo.

Forma parte de la seguridad del tratamiento.

Sin control sanitario pueden desconocerse contraindicaciones, interacciones, dosis, condiciones de conservación, autenticidad del producto o circunstancias médicas individuales que deben tenerse en cuenta.

Además, existe una cuestión psicológica relevante.

Si la necesidad de adelgazar genera tanta urgencia que una persona está dispuesta a asumir riesgos importantes, ocultar el tratamiento o utilizar vías clandestinas para conseguirlo, conviene explorar qué está ocurriendo con su relación con el cuerpo, el peso y la autoestima.

He llegado al peso que quería: ¿qué ocurre después?

Se habla muchísimo del inicio de un tratamiento para perder peso.

Se habla bastante menos del mantenimiento.

Y, sin embargo, esta puede ser una de las partes psicológicamente más importantes.

Alcanzar un determinado peso no significa necesariamente haber adquirido una relación diferente con la comida.

Conviene revisar cuestiones como:

  • ¿Puedo comer de forma flexible?
  • ¿He construido hábitos que podría mantener?
  • ¿Diferencio mejor hambre, apetito y ansiedad?
  • ¿Puedo acudir a una comida social sin angustia?
  • ¿Tolero pequeñas variaciones de peso?
  • ¿Mi autoestima depende menos de mi cuerpo?
  • ¿Puedo gestionar emociones sin recurrir siempre a la comida?
  • ¿Sé cuidarme sin convertir cada decisión alimentaria en un examen?
Alcanzar el peso deseado y alcanzar una relación tranquila con la comida no son necesariamente el mismo objetivo.

El miedo a recuperar peso puede convertirse en una nueva fuente de ansiedad

Muchas personas que han vivido ciclos repetidos de pérdida y recuperación sienten temor ante la posibilidad de volver a engordar.

Ese miedo es comprensible.

El problema aparece cuando ocupa demasiado espacio y empieza a dirigir la conducta.

Puede favorecer pesajes repetitivos, restricciones cada vez mayores, evitación de comidas sociales, ejercicio realizado únicamente para compensar o interpretación de cualquier pequeña variación corporal como un fracaso.

Desde la psicología puede trabajarse para construir una relación más estable con el cuerpo y reducir ese estado de vigilancia constante.

¿Cómo puede ayudar la psicología durante un tratamiento para perder peso?

El acompañamiento psicológico no sustituye al médico ni modifica tratamientos farmacológicos.

Su función es complementaria cuando existen aspectos emocionales o conductuales que influyen en el proceso.

  1. Explorar la motivación.
    Comprender si el deseo de adelgazar se relaciona principalmente con salud y autocuidado o con rechazo corporal, vergüenza o necesidad de aprobación.
  2. Trabajar la relación con la comida.
    Reducir patrones excesivamente rígidos de alimentos prohibidos, culpa y compensación.
  3. Identificar alimentación emocional.
    Aprender a reconocer cuándo comer está relacionado con ansiedad, estrés, aburrimiento, tristeza o cansancio.
  4. Valorar episodios de pérdida de control.
    Los atracones no deberían interpretarse simplemente como falta de voluntad.
  5. Trabajar la imagen corporal.
    Ayudar a que el cambio físico no se convierta en una nueva fuente de vigilancia y crítica.
  6. Reducir la dependencia de la báscula.
    Utilizar el peso como un dato cuando sea necesario sin convertirlo en una medida del propio valor.
  7. Consolidar hábitos realistas.
    Favorecer cambios que puedan mantenerse de forma sostenible.
  8. Preparar el mantenimiento.
    Trabajar el miedo a posibles cambios en el apetito o en el peso.

Obesidad: mucho más que comer demasiado

Hablar de tratamientos para adelgazar exige también hablar con cuidado de obesidad.

La obesidad es una realidad compleja y multifactorial.

No puede reducirse simplemente a falta de fuerza de voluntad, pereza o ausencia de disciplina.

En cada persona pueden intervenir de manera diferente factores médicos, biológicos, sociales, familiares, ambientales, emocionales y conductuales.

Desde la psicología trabajamos aquellos elementos que pertenecen a nuestro ámbito: relación con la comida, ansiedad, atracones, hábitos, imagen corporal, autoestima y dificultad para mantener determinados cambios.

Puedes ampliar esta información en nuestra página sobre apoyo psicológico en obesidad y en el contenido específico sobre psiconutrición y psicología de la alimentación.

Recursos psicológicos relacionados

La ansiedad y la autoestima pueden influir mucho en nuestra relación con la comida y con el cuerpo. Estos recursos pueden ser útiles como complemento divulgativo, aunque no sustituyen una evaluación psicológica cuando existe un malestar significativo.

Taller psicológico online para aprender a gestionar la ansiedad
Taller online

Vence al dragón: controla tu ansiedad

Un recurso para comprender mejor los mecanismos de la ansiedad y desarrollar estrategias de regulación emocional. Puede resultar especialmente interesante cuando el estrés influye también en la alimentación.

Ver taller sobre ansiedad
Taller psicológico online para trabajar la autoestima
Taller online

Aprender a querer(me)

La pérdida de peso no garantiza automáticamente una mejor autoestima. Este taller se centra en la relación con uno mismo y puede ayudar a revisar autocrítica, inseguridad y necesidad de aprobación.

Ver taller de autoestima

¿Cuándo puede ser recomendable pedir ayuda psicológica?

No hace falta esperar a que exista una situación extrema.

Puede ser recomendable realizar una valoración si durante un tratamiento para perder peso aparecen algunas de estas situaciones:

  • el peso condiciona demasiado el estado de ánimo;
  • existe miedo intenso a recuperar kilos;
  • hay culpa frecuente después de comer;
  • se producen atracones o episodios de pérdida de control;
  • la comida se utiliza principalmente para regular emociones;
  • se restringen cada vez más alimentos;
  • se evita comer con otras personas;
  • la autoestima depende demasiado de la talla;
  • hay antecedentes de trastornos de la alimentación;
  • se siente que sin medicación será imposible gestionar la comida;
  • el cuerpo y el peso ocupan continuamente el pensamiento.

En estas situaciones, la intervención psicológica puede complementar el seguimiento médico y ayudar a trabajar los factores que están manteniendo el malestar.

Preguntas frecuentes sobre inyecciones para adelgazar y psicología

¿Las inyecciones para adelgazar necesitan seguimiento médico?

Sí. La indicación, dosis, mantenimiento, modificación o retirada de este tipo de tratamientos corresponden al profesional médico responsable.

¿Todas las personas que utilizan estos tratamientos necesitan psicólogo?

No necesariamente. Puede ser especialmente recomendable cuando existen ansiedad, atracones, alimentación emocional, miedo intenso a engordar, culpa, problemas de imagen corporal o antecedentes de trastornos alimentarios.

¿Adelgazar suele mejorar automáticamente la autoestima?

No siempre. Una persona puede sentirse físicamente mejor y, al mismo tiempo, mantener una visión muy crítica de sí misma. La autoestima depende de muchos factores y no únicamente del peso.

¿Qué ocurre si me da miedo volver a sentir hambre?

La preocupación puede aparecer especialmente después de una etapa en la que el apetito ha disminuido mucho. Desde la psicología puede trabajarse la diferencia entre hambre, apetito y ansiedad, siempre manteniendo las decisiones farmacológicas bajo control médico.

¿Es normal tener miedo al efecto rebote?

Es comprensible, sobre todo en personas que han vivido muchos ciclos de pérdida y recuperación. Si ese miedo empieza a condicionar demasiado la alimentación, la vida social o el estado de ánimo, conviene abordarlo.

¿La obesidad se debe simplemente a comer demasiado?

No. Es una realidad multifactorial en la que pueden intervenir factores médicos, biológicos, sociales, ambientales, conductuales y psicológicos.

La pregunta importante no es únicamente cuánto has adelgazado

Los tratamientos médicos para el control del peso han abierto nuevas posibilidades para muchas personas y pueden resultar muy valiosos cuando existe una indicación adecuada.

No es necesario demonizarlos.

Pero tampoco conviene convertirlos en una solución estética simple ni utilizarlos fuera del seguimiento médico.

Durante una pérdida de peso también merece la pena observar otros aspectos.

¿Tengo una relación más tranquila con la comida?

¿Sigo sintiendo culpa?

¿Puedo comer con otras personas sin miedo?

¿He aprendido a gestionar el estrés de otras formas?

¿Me siento más libre o simplemente más pendiente de mi cuerpo?

¿Puedo tolerar pequeñas variaciones del peso?

¿Sigo pensando que necesito estar delgado para sentirme aceptado?

Estas preguntas también forman parte de la salud.

Cuidar el peso puede formar parte de la salud. Aprender a no vivir en guerra con la comida, el cuerpo y uno mismo también.

Cuando la pérdida de peso va acompañada de una relación más flexible con la comida, mayor autonomía, hábitos sostenibles, menos miedo y una autoestima menos dependiente del cuerpo, estamos mirando el proceso desde una perspectiva mucho más completa.

Por eso defendemos un enfoque coordinado: seguimiento médico para aquello que pertenece al tratamiento sanitario y acompañamiento psicológico cuando existen dificultades emocionales, alimentarias o relacionadas con la imagen corporal.

¿Necesitas apoyo psicológico durante un proceso de pérdida de peso?

En el Gabinete de Psicología en Santander podemos valorar contigo dificultades relacionadas con ansiedad, alimentación emocional, atracones, miedo a recuperar peso, autoestima, imagen corporal o dificultad para mantener determinados hábitos.

Nuestro trabajo psicológico complementa la atención médica. La prescripción, el seguimiento y cualquier modificación de la medicación deben realizarse siempre con el profesional sanitario responsable.

Pide aquí tu cita

Gabinete de Psicología · Santander (Cantabria)

Artículo divulgativo elaborado a partir del tema abordado por Montserrat Guerra en Onda Cero Cantabria sobre medicamentos utilizados para perder peso, alimentación, imagen corporal y salud mental.

La información farmacológica incluida tiene carácter general. La indicación de un medicamento, su pauta, seguimiento, modificación o retirada corresponden exclusivamente a los profesionales médicos responsables.

Aviso: este contenido es informativo y no sustituye una valoración médica, psicológica o nutricional individualizada.