Montserrat Guerra habla en EL PAÍS sobre el cansancio emocional que puede aparecer en una boda

EL PAÍS
Noticia · Gabinete de Psicología Colaboración en prensa

La psicóloga Montserrat Guerra, codirectora del Gabinete de Psicología en Santander, ha participado en un artículo publicado en EL PAÍS sobre el cansancio emocional en una boda y la carga social que puede aparecer en un día que, aunque suele vivirse con ilusión, también puede generar una importante sobrecarga emocional.

El artículo parte de una pregunta muy reconocible: ¿es normal que los novios se sientan agotados socialmente durante su propia boda?

Montserrat Guerra explica que una boda puede ser un día muy feliz y, al mismo tiempo, un evento con una gran carga emocional, social y sensorial. La alegría no siempre elimina el cansancio. A veces, precisamente porque todo importa mucho, el cuerpo y la mente llegan antes al límite.

Una boda suele imaginarse como un día de celebración, alegría, encuentro y emoción compartida. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, también puede convertirse en una situación de alta exigencia. Los novios son el centro de atención durante muchas horas, reciben saludos constantes, tienen que responder a conversaciones, posar para fotografías, atender a familiares, gestionar imprevistos y sostener una imagen de felicidad prácticamente continua.

Esa combinación de ilusión, exposición y exigencia puede generar cansancio emocional, agotamiento social o saturación social. No significa que la persona no esté feliz, ni que no valore el día, ni que no quiera a sus invitados. Significa que el sistema nervioso también necesita momentos de calma, incluso cuando lo que está ocurriendo es positivo.

En el artículo de EL PAÍS, Montserrat Guerra ayuda a normalizar esta experiencia: una persona puede estar viviendo uno de los días más importantes de su vida y, al mismo tiempo, sentirse cansada, sensible al ruido, sobrepasada o con necesidad de retirarse unos minutos. La emoción y el agotamiento no son incompatibles.

“Una boda puede ser un día emocionante, pero también un evento con una carga social enorme”.

Cuando un día feliz también puede resultar agotador

Uno de los puntos más importantes de la reflexión de Montserrat Guerra es que las emociones positivas también activan el cuerpo. La alegría, la ilusión, la sorpresa, la gratitud o la emoción intensa no son estados neutros para el organismo. Aunque se vivan como algo deseado, también implican activación fisiológica, atención sostenida y consumo de energía.

Por eso, en una boda puede aparecer fatiga emocional aunque no exista un problema real. El cansancio puede venir de la acumulación de estímulos: música, luces, conversaciones, fotografías, desplazamientos, horarios, expectativas y presencia constante de otras personas. Si además hay tensión familiar, miedo a que algo salga mal o presión por agradar, la carga puede ser todavía mayor.

Esta idea es importante porque muchas personas interpretan su propio cansancio como algo negativo: “no debería sentirme así”, “tendría que estar disfrutando más”, “si necesito parar es que algo va mal”. Esa interpretación puede añadir culpa a una experiencia que, en realidad, puede ser completamente normal.

En psicología, diferenciar lo que sentimos de lo que interpretamos sobre lo que sentimos es fundamental. Sentirse cansado no equivale a no estar feliz. Necesitar silencio no significa rechazar a los demás. Desear unos minutos de pausa no implica que la boda no esté siendo especial. A veces solo indica que hay demasiada estimulación acumulada.

También conviene recordar que el cuerpo no distingue siempre entre activación positiva y activación negativa. Una emoción agradable puede seguir siendo intensa. La ilusión, la sorpresa o la emoción por compartir un momento importante pueden activar el sistema nervioso de forma parecida a otras situaciones de alta demanda. Por eso, aunque la boda sea deseada y feliz, puede aparecer cansancio, tensión o necesidad de recuperar intimidad.

Pareja durante una ceremonia de boda

Señales de saturación social durante la boda

Montserrat Guerra señala que la saturación social puede expresarse tanto a nivel emocional como corporal. Algunas personas empiezan a sentirse más irritables, más sensibles al ruido o con una sensación extraña de estar funcionando en automático. Otras pueden notar ganas de desaparecer unos minutos, dificultad para conectar con lo que está pasando o una especie de desconexión emocional.

También pueden aparecer señales físicas: cansancio visual, tensión muscular, dolor de cabeza, presión en el pecho, sensación de mareo, necesidad de respirar con más profundidad o bajada brusca de energía. No siempre se trata de ansiedad en sentido clínico, pero sí puede haber una respuesta de activación intensa ante un contexto muy demandante.

En una boda, estas señales pueden pasar desapercibidas porque socialmente se espera que los novios estén radiantes, disponibles y sonrientes durante todo el día. Sin embargo, escuchar el cuerpo puede ayudar a prevenir que el cansancio se convierta en bloqueo, irritabilidad o malestar.

  • Necesidad de silencio o de retirarse unos minutos.
  • Sensibilidad al ruido, a la música o a la conversación constante.
  • Sensación de estar en automático o de no estar plenamente presente.
  • Cansancio físico, tensión muscular o dolor de cabeza.
  • Irritabilidad, ganas de llorar o bajada repentina de energía.
  • Culpa por no estar disfrutando “como se supone” que debería disfrutarse.

Estas señales no tienen por qué vivirse como algo dramático. Pueden entenderse como avisos internos de regulación. El cuerpo está diciendo que necesita bajar la intensidad. Cuando se atienden a tiempo, puede bastar con una pausa breve, una conversación tranquila, un momento sin ruido o una pequeña retirada del centro de la escena.

No todas las parejas viven igual el protagonismo

El artículo también recoge una cuestión clave: cada pareja vive de forma distinta la exposición social. Hay personas que disfrutan mucho siendo el centro de atención y otras que se sienten abrumadas cuando durante horas son miradas, fotografiadas, interrumpidas o evaluadas. Ninguna de estas formas de vivirlo es mejor o peor; simplemente son estilos diferentes.

Montserrat Guerra subraya que el agotamiento social no afecta solo a personas introvertidas. También una persona sociable, extrovertida o acostumbrada a tratar con mucha gente puede agotarse si el evento dura muchas horas, si quiere atender a todo el mundo, si hay tensión familiar o si siente que debe estar perfecta durante toda la celebración.

Esto es especialmente importante en bodas grandes, con muchos invitados o con una organización muy intensa. Cuantas más escenas de exposición haya —entrada al banquete, saludos mesa por mesa, fotografías constantes, discursos, bailes, vídeos, sorpresas o rituales sociales— más necesario puede ser reservar espacios de descanso.

Una boda no debería organizarse solo desde lo que “se espera” socialmente, sino desde la personalidad real de la pareja. Hay parejas que disfrutan con celebraciones multitudinarias, con música, baile, sorpresas y mucha interacción. Otras, en cambio, necesitan formatos más tranquilos, más íntimos o con menos momentos de exposición. La clave está en que la celebración no se convierta en una representación agotadora.

“Lo importante es que la boda tenga coherencia con la personalidad de la pareja y con lo que realmente están buscando”.

La presión de estar radiantes todo el tiempo

Una de las ideas más interesantes que aporta Montserrat Guerra es la presión que puede aparecer cuando una boda se vive como un escaparate emocional. Socialmente se espera que los novios estén felices, disponibles, sonrientes, agradecidos y atentos durante toda la jornada. Esa expectativa puede ser muy pesada.

Cuando una persona siente que no tiene derecho a estar seria, a parar, a necesitar silencio o a decir que está cansada, aumenta la distancia entre lo que necesita y lo que cree que debe representar. Esa distancia puede generar culpa, autoexigencia y una sensación de no estar viviendo el día como “debería”.

En consulta, este tipo de presión aparece en muchos contextos vitales: celebraciones familiares, cambios importantes, duelos, rupturas, decisiones profesionales o momentos de transición. La persona no solo vive lo que ocurre, sino que además se observa a sí misma intentando cumplir una expectativa. Esa doble carga puede ser agotadora.

En una boda, esa presión puede intensificarse porque existe una idea social muy potente: “tiene que ser el día más feliz de tu vida”. Pero una boda no tiene por qué ser perfecta para ser valiosa. Puede ser emocionante, imperfecta, intensa, bonita y agotadora al mismo tiempo.

Muchas veces, el problema no está en sentir cansancio, sino en no permitirse sentirlo. Cuando una persona interpreta su necesidad de parar como un fallo, una falta de gratitud o una señal de que algo no va bien, puede aparecer más tensión. En cambio, cuando se permite vivir el día con más flexibilidad, es más fácil recuperar presencia y disfrutar de una forma menos rígida.

Celebración de boda con invitados

Pequeñas pausas para regularse

Montserrat Guerra defiende la importancia de la autorregulación emocional también en un día tan señalado. No se trata de desaparecer de la boda ni de aislarse durante mucho tiempo. A veces basta con unos minutos en una habitación tranquila, un paseo breve, respirar sin interrupciones o estar con una persona de confianza.

Esas pausas permiten que el sistema nervioso baje la activación y que la persona pueda volver a la celebración con más presencia. No son una falta de educación ni una señal de desinterés. Son una forma de cuidar la experiencia para poder sostenerla mejor.

También puede ayudar pactar previamente pequeños momentos de descanso, delegar tareas, reducir escenas de exposición innecesaria y tener cerca a personas que entiendan cómo se siente la pareja. A veces, una persona de confianza puede funcionar como apoyo emocional: alguien que detecta la saturación, acompaña unos minutos y ayuda a recuperar calma.

Planificar estos espacios no resta espontaneidad a la boda. Al contrario, puede hacer que la celebración sea más habitable. Cuando una pareja organiza el día pensando también en su bienestar emocional, aumenta la posibilidad de disfrutarlo de una forma más auténtica.

Una boda más habitable, no más perfecta

La participación de Montserrat Guerra en EL PAÍS invita a mirar las bodas desde una perspectiva psicológica más realista. No solo importa cómo se ve la celebración desde fuera, sino cómo se vive desde dentro. Esta idea es especialmente valiosa en una época en la que muchas celebraciones se organizan también pensando en la imagen, las fotografías, las redes sociales y las expectativas externas.

Una boda más habitable no significa una boda menos bonita. Significa una boda más coherente con la personalidad de la pareja. Algunas personas necesitarán una celebración grande, dinámica y llena de estímulos. Otras preferirán un formato más íntimo, pausado y sencillo. El criterio psicológico no debería ser “qué se espera de nosotros”, sino “qué nos permite vivir este día de una forma cómoda y significativa”.

Bajar expectativas, respetar los propios ritmos, reducir la presión de agradar constantemente y permitirse pequeñas pausas puede ayudar a que la pareja disfrute más del día sin sentirse obligada a representar una versión perfecta de sí misma.

Esta reflexión conecta con temas que trabajamos con frecuencia en consulta, como la ansiedad y el estrés, la presión por cumplir expectativas, el perfeccionismo y la autoexigencia o la necesidad de contar con apoyo profesional en momentos de bloqueo, inseguridad, sobrecarga emocional o dificultad para tomar decisiones. Si quieres ampliar información, también puedes visitar nuestra página sobre orientación y toma de decisiones en situaciones difíciles.

Qué podemos aprender de esta reflexión

La idea de fondo no se limita únicamente a las bodas. Muchas personas se sienten culpables cuando, en un momento que “debería” ser feliz, aparece cansancio, bloqueo, ansiedad o necesidad de parar. Puede ocurrir en vacaciones, reuniones familiares, celebraciones, cumpleaños, cambios laborales, maternidad, mudanzas o etapas vitales importantes.

Entender que el cuerpo puede saturarse incluso ante situaciones positivas permite vivir esas experiencias con menos culpa. No todo malestar indica que algo esté mal. A veces indica que hay mucha intensidad acumulada y que necesitamos regularnos mejor.

En este sentido, el mensaje de Montserrat Guerra es claro: no se trata de renunciar a celebrar, sino de hacerlo de una manera más consciente. Cuidar el propio ritmo, escuchar las señales de cansancio y aceptar que no existe una única forma correcta de vivir un día importante puede ser una forma de protección emocional.

La salud emocional también tiene que ver con permitirse vivir los acontecimientos importantes de una forma humana, no perfecta. Hay días que son felices y cansados a la vez. Hay momentos que se desean y, aun así, exigen mucho. Hay celebraciones que emocionan y también sobrecargan. Dar espacio a esa complejidad ayuda a vivir con menos culpa y más autenticidad.

Desde esta mirada, la boda deja de ser un examen de felicidad permanente y puede convertirse en una experiencia más realista: un día importante, intenso, con momentos de disfrute, de emoción, de cansancio y de necesidad de calma. Cuando la pareja puede reconocer todo eso sin juzgarse, es más fácil que el recuerdo del día sea más sereno y más propio.

Puedes leer el artículo completo publicado en EL PAÍS aquí:
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