Infravalorarse: qué significa, señales y cómo dejar de hacerlo
No infravalorarse es crucial para mantener una buena salud mental y emocional.
Santander (Cantabria) y terapia online para toda España
Infravalorarse: qué significa, señales y cómo dejar de hacerlo
Infravalorarse puede hacer que una persona viva por debajo de lo que realmente piensa, siente o merece, no porque le falten capacidades, sino porque se ha acostumbrado a mirarse desde una lente injusta. A veces se nota como inseguridad, otras como sensación de inferioridad, dificultad para reconocer logros, necesidad de aprobación constante o miedo a destacar. Desde fuera puede parecer modestia, prudencia o sensibilidad; por dentro suele vivirse como una mezcla de autocrítica, comparación y cansancio emocional.
Muchas personas no se describen a sí mismas con esa palabra. No dicen “me infravaloro”, sino cosas como “siempre pienso que otros son mejores”, “me cuesta creerme lo bueno”, “siento que no doy la talla”, “nunca estoy suficientemente contento con lo que hago” o “cuando algo sale bien, siento que ha sido suerte”. Este modo de relacionarse con uno mismo no siempre hace ruido al principio, pero puede erosionar mucho la autoestima, la tranquilidad, la confianza y la capacidad de tomar decisiones con libertad.
La infravaloración personal suele ir muy ligada a un autoconcepto bajo, a la tendencia a exagerar los fallos y a minimizar las fortalezas. También puede relacionarse con experiencias de crítica, comparación, exigencia, necesidad de encajar, miedo a decepcionar o una historia vital en la que la persona aprendió a ponerse siempre por detrás. En algunos casos, este patrón aparece en el trabajo; en otros, en la pareja, en la maternidad, en la adolescencia, en la vida académica o en la forma de presentarse ante los demás.
No conviene confundir infravalorarse con humildad. La humildad sana permite reconocer límites y también cualidades. La infravaloración, en cambio, empobrece la percepción de uno mismo. Hace que cueste aceptar cumplidos, defender ideas, poner límites, asumir oportunidades o disfrutar de lo que sí se está haciendo bien. Además, puede volver a la persona especialmente vulnerable a relaciones desequilibradas, a comparaciones continuas o a contextos donde otros terminan definiendo su valor.
Por eso esta página está pensada para explicar con claridad qué significa infravalorarse, cómo suele manifestarse, por qué ocurre, qué relación tiene con la autoestima y con el síndrome de Solomon, cómo afecta a la vida diaria y qué pasos pueden ayudar a empezar a cambiar esta forma de tratarse. El objetivo no es inflar la autoestima de manera artificial, sino construir una percepción más justa, más estable y más realista de uno mismo.
Resumen visual
Infravalorarse no es solo tener un día malo ni ser modesto: implica mirar las propias capacidades de forma injustamente reducida y vivir con una sensación frecuente de insuficiencia.
Suele aparecer junto a autocrítica, comparación constante, miedo a equivocarse, dificultad para aceptar elogios y necesidad de validación externa.
Puede afectar a la pareja, al trabajo, a la vida social, a la forma de decidir y a la capacidad de defender límites o reconocer méritos.
Dejar de infravalorarse no significa volverse arrogante, sino aprender a verse con más verdad, más equilibrio y menos castigo interno.
Cuando una persona se acostumbra a pensar que siempre vale menos, sabe menos o merece menos, acaba viviendo desde la inseguridad incluso en áreas donde objetivamente sí tiene recursos.
Qué significa infravalorarse
Infravalorarse significa evaluar las propias capacidades, logros, cualidades o posibilidades por debajo de lo que realmente son. No se trata solo de ser prudente o de reconocer errores, sino de mantener una percepción sistemáticamente empobrecida de uno mismo. La persona no logra verse con proporcionalidad. Tiende a restar importancia a lo que hace bien, a exagerar lo que hace mal y a concluir con facilidad que otros tienen más valor, más capacidad o más legitimidad.
Cuando alguien se infravalora, suele interpretar sus aciertos como casualidad, ayuda externa o algo “normal que cualquiera haría”, mientras vive sus fallos como prueba de incapacidad o insuficiencia. Esta asimetría es importante: no hay una mirada objetiva sobre uno mismo, sino una forma de pensar muy sesgada. Por eso muchas personas que se sienten infravaloradas sorprenden a quienes las rodean, porque desde fuera parecen competentes, valiosas o preparadas, pero internamente viven una historia mucho más dura.
Sentirse infravalorado también puede tener una dimensión externa. Hay personas que, además de infravalorarse, viven en contextos donde no se las reconoce lo suficiente. Sin embargo, en esta página nos centramos sobre todo en la dimensión interna: en cómo una persona puede acabar tratándose mentalmente como si valiera menos de lo que vale, incluso cuando no hay razones reales para esa conclusión.
En términos psicológicos, la infravaloración suele relacionarse con un autoconcepto negativo, con baja autoestima o con una forma muy rígida de juzgarse. No siempre llega a convertirse en un trastorno, pero sí puede sostener mucho malestar: dudas continuas, miedo a exponerse, bloqueo ante decisiones, dependencia de la opinión ajena, tendencia a ceder demasiado o incapacidad para disfrutar del propio valor sin culpa.
Por eso, cuando alguien pregunta qué significa infravalorar a una persona o qué es infravalorarse, la respuesta no debería quedarse en una definición de diccionario. Es una manera de colocarse en el mundo. Una manera de pensar, sentir y actuar que influye en la autoestima, en la seguridad, en la forma de vincularse con los demás y en la libertad para vivir desde un criterio propio.
Infravalorarse y autoestima baja: no son exactamente lo mismo, pero se parecen mucho
La autoestima hace referencia a la valoración global que una persona tiene de sí misma. Cuando esa autoestima es baja, suelen aparecer inseguridad, autocrítica, miedo al rechazo y dificultad para confiar en el propio valor. Infravalorarse sería una de las formas concretas en que esa autoestima dañada puede expresarse: la persona se mira continuamente por debajo de su valor real.
Aun así, no son conceptos idénticos. Una persona puede tener autoestima inestable y, según el contexto, no infravalorarse siempre igual. También puede ocurrir que alguien tenga áreas concretas en las que se siente competente, pero una tendencia general a minimizar su valor en lo emocional, en lo social o en lo relacional. Por eso conviene mirar con detalle dónde aparece la infravaloración y cómo funciona.
En consulta es frecuente ver que la persona no solo se trata peor de lo que merece, sino que además ha normalizado ese trato. No le parece extraño pensar mal de sí misma, exigir más de la cuenta o invalidar lo positivo. Se ha convertido en su tono mental habitual. Por eso muchas veces el cambio empieza cuando la persona logra detectar algo que antes ya ni veía: la dureza con la que se juzga.
También es habitual que esta forma de mirarse conecte con ansiedad y estrés. Cuando una mente está constantemente comparando, dudando, anticipando errores o intentando no decepcionar, el desgaste es alto. Infravalorarse no es solo una idea sobre uno mismo: es también un modo de vivir en tensión, con menos libertad interna y menos sensación de calma.
En el Gabinete de Psicólogos Santander trabajamos la tendencia a infravalorarse no como un simple problema de confianza, sino como una forma de relación con uno mismo que puede afectar a la autoestima, a la seguridad, a la capacidad de decidir, a los vínculos y a la manera de ocupar el propio lugar en la vida.
Señales de que te estás infravalorando
No todas las personas que se infravaloran lo expresan igual, pero sí suelen compartir un estilo interno bastante reconocible. Algunas parecen muy discretas y prudentes; otras, perfeccionistas; otras, dependientes de la aprobación; otras, excesivamente críticas consigo mismas. En todos los casos, el patrón de fondo es parecido: cuesta reconocer el propio valor con naturalidad.
Señales emocionales
Sentirte inferior con frecuencia aunque no sepas explicar por qué.
Vergüenza o incomodidad cuando te reconocen algo positivo.
Ansiedad al exponerte, dar tu opinión o asumir protagonismo.
Sensación de no ser suficiente para lo que la vida te pide.
Malestar al compararte con personas que ves más seguras.
Señales cognitivas
Pensar que otros siempre saben, pueden o merecen más.
Minimizar logros y exagerar errores o defectos.
Dudar mucho de tu criterio y confiar poco en tu percepción.
Suponer con facilidad que decepcionarás o harás el ridículo.
Interpretar un fallo puntual como prueba de incapacidad.
Señales conductuales
Callarte para no parecer exagerado, torpe o poco válido.
Ceder demasiado por miedo a molestar o perder aceptación.
Evitar retos u oportunidades porque “seguro que no podrás”.
Buscar confirmación constante antes de decidir algo.
Restar importancia a todo lo bueno que consigues.
Una señal especialmente frecuente es la dificultad para aceptar cumplidos. No porque la persona sea arrogante o desconfiada, sino porque internamente no encajan. Le dicen algo bueno y responde quitándole valor, explicándolo por suerte o devolviendo el foco al error. Ese gesto, que a veces parece pequeño, suele mostrar mucho de la relación que esa persona tiene consigo misma.
Otra señal importante es la comparación constante. La persona no se mide desde sus circunstancias, su proceso o su historia, sino desde el supuesto valor de los demás. Casi siempre sale perdiendo. Esto refuerza una sensación de inferioridad que puede acabar siendo muy dolorosa y muy estable si no se revisa.
Cuando la infravaloración ya está haciendo daño de verdad
Cuando te callas, te frenas o te escondes más de lo que te gustaría por pensar que no estás a la altura.
Cuando el valor que te das depende casi por completo de lo que otros opinan o validan.
Cuando vivir desde la comparación te deja sin tranquilidad y sin una medida propia.
Cuando minimizarte se ha vuelto tan habitual que ya casi lo ves como normal.
Cuando tu manera de tratarte empieza a limitar tu vida, tus relaciones o tus decisiones.
Por qué una persona llega a infravalorarse
La tendencia a infravalorarse no suele aparecer de la nada. Normalmente se construye a lo largo del tiempo, a partir de experiencias, mensajes, comparaciones, heridas y formas de adaptación. Algunas personas crecieron en entornos donde el reconocimiento era escaso, la crítica muy presente o el afecto demasiado condicionado al rendimiento. Otras vivieron experiencias de rechazo, burlas, humillación o poca validación emocional. También hay quienes aprendieron a minimizarse para encajar, no generar conflicto o no destacar demasiado.
La infancia y la adolescencia tienen mucho peso, pero no explican todo. También en la vida adulta una persona puede acabar infravalorándose si atraviesa relaciones que desgastan, trabajos donde no se la reconoce, contextos muy competitivos, comparaciones constantes o etapas de ansiedad en las que pierde confianza en su propio criterio. En ese sentido, la infravaloración puede ser a la vez una herida antigua y un hábito actual que se sigue reforzando.
Otra causa frecuente es la exigencia. Hay personas que no se sienten pequeñas porque objetivamente les falten recursos, sino porque se comparan con un ideal interno imposible. Siempre creen que podrían haberlo hecho mejor, que deberían saber más, rendir más o equivocarse menos. Así, cualquier desempeño real queda por debajo de lo esperado y la sensación de insuficiencia se cronifica.
También influye mucho la necesidad de aprobación. Cuanto más depende una persona de que la valoren desde fuera, más frágil se vuelve su autovaloración. Si la mirada ajena sube, se siente mejor; si la mirada ajena falla, se hunde. En estas condiciones resulta muy difícil construir un valor interno estable. La persona vive demasiado pendiente de señales externas para poder verse con más verdad desde dentro.
En algunas personas, además, existe una cadena de pensamientos muy negativos que alimenta el problema. Ideas como “los demás lo hacen mejor”, “seguro que no es para tanto”, “si me expongo se van a dar cuenta de que no valgo tanto”, “no debería necesitar reconocimiento” o “si me valoro voy a parecer arrogante” actúan como un sistema de freno muy potente. No es raro que este patrón conecte con dificultades para decidir, bloqueo y mucha duda interna.
Por eso, para dejar de infravalorarse, no basta con decirse frases positivas delante del espejo. Hace falta revisar qué historia hay detrás, qué miedo sostiene esa postura, qué ganancias secundarias tiene minimizarse y qué precio se está pagando por seguir viéndose así.
El síndrome de Solomon y la tendencia a infravalorarse
El síndrome de Solomon y la tendencia a infravalorarse están estrechamente relacionados. Ambos fenómenos muestran cómo la presión social y la autopercepción pueden influir mucho en la conducta y en la autoestima de una persona. En el síndrome de Solomon, el miedo a destacar o a ser el elemento diferente hace que alguien se adapte al grupo incluso cuando eso va contra su propio criterio. En la infravaloración, ese mismo miedo puede traducirse en minimizar el propio valor, rebajar logros o esconder capacidades para no exponerse demasiado.
Cuando una persona teme el rechazo, la crítica o el juicio ajeno, puede aprender a hacerse pequeña. A veces no lo hace de forma consciente. Simplemente deja de confiar en su voz, prefiere no sobresalir, rebaja sus méritos y se coloca un paso por detrás para sentir que así corre menos riesgo. El problema es que esta estrategia, aunque a corto plazo parezca protectora, a largo plazo debilita la autoestima y refuerza la sensación de insuficiencia.
En este sentido, la presión social no actúa solo desde fuera. Acaba internalizándose. La persona ya no necesita que otros la frenen: se frena sola. Duda de sus opiniones, corrige su valor antes de que alguien lo ponga en cuestión y se acostumbra a vivir con la idea de que no conviene ocupar demasiado espacio. De ahí que el síndrome de Solomon no sea solo un tema grupal, sino también una pieza importante para entender por qué algunas personas se infravaloran tanto.
Este ciclo puede ser especialmente fuerte en personas sensibles, muy autoexigentes o con fuerte necesidad de pertenencia. Si además hay miedo a equivocarse, vergüenza o temor a no gustar, la tendencia a rebajarse se vuelve todavía más intensa. Por eso muchas veces no basta con trabajar autoestima en abstracto: conviene revisar también la relación con la aprobación, con la diferencia y con el derecho a destacar sin culpa.
Si este tema te resuena, puede ser útil ampliar lectura sobre el síndrome de Solomon, porque ayuda a entender mejor por qué algunas personas se adaptan tanto al grupo que acaban perdiendo de vista su propio valor, su propio criterio o su propio lugar.
Cómo afecta infravalorarse a la pareja, al trabajo y a las relaciones
La tendencia a infravalorarse no se queda dentro de la cabeza. Acaba afectando de forma muy concreta a la vida cotidiana y a los vínculos. En la pareja, por ejemplo, puede llevar a conformarse con menos, a tolerar comportamientos que no hacen bien, a necesitar demasiada confirmación o a sentirse siempre en deuda. La persona no parte de una posición interna de igualdad, sino desde la idea de que el otro vale más, sabe más o puede marcharse en cualquier momento porque “merece algo mejor”.
En el trabajo ocurre algo parecido. A veces la persona se exige muchísimo, pero le cuesta reconocer su valor profesional, pedir un cambio, asumir un puesto, mostrar una idea o defender un límite. Otras veces trabaja bien, pero siente que siempre está por detrás. Puede terminar aceptando menos reconocimiento del que corresponde, más carga de la que sería justa o una sensación permanente de no estar suficientemente preparada.
En las relaciones familiares o de amistad, la infravaloración puede traducirse en dificultad para poner límites, exceso de complacencia, miedo a decepcionar o una tendencia a estar muy pendiente del estado emocional de otros mientras se descuidan las propias necesidades. No es extraño que esto genere cansancio, resentimiento silencioso y una sensación de vivir demasiado hacia fuera.
Además, cuando una persona se ve pequeña, puede interpretar con más facilidad que los demás también la ven así. A veces es verdad; otras, no. Pero el filtro interno hace que muchos gestos se lean en clave de desconfirmación. Por eso esta tendencia también puede relacionarse con inseguridad relacional, susceptibilidad, miedo al abandono o dificultades en el vínculo. En algunos casos conviene revisar también áreas como relaciones, autoestima y complejos.
¿Buscas un psicólogo para trabajar la autoestima y dejar de infravalorarte?
Cuando esta forma de tratarte lleva tiempo instalada, no siempre basta con “pensar en positivo”. A veces hace falta entender de dónde viene, qué la mantiene y cómo empezar a construir una relación más justa contigo.
La atención puede ser presencial en Santander (Cantabria) o en terapia online para toda España.
Cómo dejar de infravalorarse sin caer en frases vacías
Dejar de infravalorarse no consiste en repetirse consignas que en el fondo una persona todavía no se cree. Tampoco pasa por convertirse de pronto en alguien invulnerable, seguro de todo o encantado consigo mismo. El cambio real suele ser bastante más sobrio y más profundo: aprender a mirarse con menos distorsión, menos castigo y más verdad.
Lo primero suele ser detectar el patrón. Muchas personas se infravaloran de forma tan automática que ni siquiera lo registran. Confunden esa dureza con objetividad, con prudencia o con “tener los pies en la tierra”. Por eso resulta tan importante empezar a escuchar el tono con el que uno se habla, el modo en que invalida lo positivo y la facilidad con la que convierte los errores en una conclusión global sobre su valor.
Un segundo paso es revisar la medida con la que te evalúas. ¿Te exiges más de lo que exigirías a otra persona? ¿Solo consideras válido lo perfecto? ¿Necesitas hacerlo muy bien para concederte algo de valor? ¿Te comparas con ideales o con personas elegidas selectivamente? Muchas veces la infravaloración no se sostiene por ausencia de logros, sino por un sistema de medida profundamente injusto.
También ayuda mucho aprender a aceptar lo positivo sin neutralizarlo de inmediato. Si haces algo bien, si alguien te reconoce, si consigues algo importante o si sostienes bien una situación difícil, conviene practicar la capacidad de dejarlo entrar. No hace falta exagerarlo ni construir una identidad grandiosa alrededor de ello. Basta con permitir que tenga peso. Para muchas personas esto ya supone un cambio enorme.
Otro punto clave es la relación con el error. Quien se infravalora suele vivir cada fallo como una prueba de insuficiencia. Sin embargo, una autoestima más sana permite integrar los errores sin que destruyan el valor personal. Equivocarse no debería equivaler a “valgo menos”. Cuando esta asociación se afloja, la persona suele ganar mucha libertad.
Además, conviene revisar la necesidad de aprobación. No porque el reconocimiento ajeno no importe, sino porque no puede seguir siendo la base principal de la autovaloración. Cuanto más depende alguien del reflejo externo, más difícil le resulta sostener una imagen propia estable. Aprender a apoyarse también en un criterio interno es una parte esencial del proceso.
En algunas personas, este trabajo requiere cuestionar pensamientos muy asentados: “si me valoro voy a parecer soberbio”, “otros sí tienen motivos para confiar en sí mismos, yo no”, “si no me exijo así, me relajo demasiado”, “no tengo derecho a ocupar tanto espacio”, “si hablo de lo bueno que hago, quedaré mal”. Cuestionar estas ideas no es un lujo teórico. Es una intervención directa sobre el modo en que la persona limita su propio lugar.
También puede ayudar apoyarse en recursos complementarios cuando el problema se mezcla con mucho pensamiento negativo, ansiedad o una voz interna especialmente dura. En esos casos, trabajar solo la autoestima puede quedarse corto si no se aborda también el estilo mental que la está saboteando.
Recurso complementario: test sobre ansiedad, depresión, estrés y obsesiones
Cuando una persona tiende a infravalorarse, a veces el problema no se limita a la autoestima. Puede haber también ansiedad, pensamientos muy negativos, estrés sostenido, rumiación o un estado de ánimo más bajo que conviene revisar con algo más de claridad.
Este recurso puede ayudar como primera orientación cuando notas inseguridad intensa, sensación de insuficiencia, autocrítica constante, desgaste mental o dificultad para saber si lo que te ocurre está relacionado sobre todo con autoestima, con ansiedad o con una mezcla de varios factores.
Recurso complementario útil cuando la infravaloración se acompaña de malestar emocional más amplio.
Qué suele ayudar de verdad a una persona que se infravalora
Detectar el tono interno con el que se habla y dejar de confundir dureza con objetividad.
Revisar el sistema de medida que usa para evaluarse y hacerlo más justo y más humano.
Aprender a aceptar logros y cualidades sin neutralizarlos automáticamente.
Reducir comparación constante y dependencia de la aprobación externa.
Reconocer el derecho a ocupar espacio, opinar, decidir y poner límites sin culpa.
Trabajar pensamientos negativos, miedo al juicio y vergüenza asociada a destacar.
Buscar ayuda profesional cuando este patrón ya condiciona demasiado la vida diaria.
En algunas personas el cambio será más cognitivo; en otras, más emocional; en otras, más relacional. No todo el mundo se infravalora por la misma razón ni de la misma manera. Por eso conviene adaptar el trabajo a la historia de cada uno y no intentar resolverlo con fórmulas demasiado universales.
Cuándo conviene pedir ayuda psicológica
Puede ser útil pedir ayuda cuando infravalorarse ya no es solo una tendencia ocasional, sino un modo habitual de vivir. Cuando la persona se siente constantemente pequeña, duda de sí misma, vive pendiente de la aprobación, se bloquea por miedo a no dar la talla o no logra sostener una percepción más justa de su propio valor, la ayuda psicológica puede marcar una diferencia importante.
También conviene consultar cuando esta forma de tratarse está afectando a la pareja, al trabajo, a la capacidad de decidir, a la seguridad en uno mismo o al bienestar general. En algunos casos aparece junto a ansiedad, tristeza, agotamiento, vergüenza, dependencia emocional o una sensación persistente de no ser suficiente. En otros, se mezcla con miedo a destacar, con autocrítica extrema o con incapacidad para reconocer cualquier avance.
La ayuda psicológica no busca convertir a nadie en alguien perfecto o desbordado de autoestima. Busca construir una relación más realista y más compasiva con uno mismo, revisar heridas y patrones aprendidos, cuestionar pensamientos muy rígidos y ayudar a que la persona deje de vivir por debajo de su propio valor. Muchas veces, eso ya cambia muchísimo la forma de estar en el mundo.
Según el caso, también puede ser útil ampliar el trabajo con áreas relacionadas como autoestima, ansiedad y estrés o dificultades de adaptación, relación y autoconcepto. La infravaloración rara vez aparece aislada; suele formar parte de una trama emocional más amplia que merece ser entendida con cuidado.
Una idea importante para terminar
Infravalorarte no te hace mejor persona, más humilde ni más prudente. Solo te deja más lejos de una mirada justa sobre ti mismo. Y vivir desde una medida injusta desgasta mucho más de lo que parece.
El cambio no pasa por inflarte ni por fingir una seguridad que no sientes. Pasa por dejar de tratarte como si valieras menos, por permitir que lo bueno también cuente y por construir una forma de estar contigo más estable, más honesta y menos cruel.
Si llevas tiempo sintiéndote por detrás, dudando de tus capacidades o creyendo que nunca es suficiente, merece la pena revisarlo. No para convertirte en alguien distinto, sino para poder vivir de una forma más fiel a tu valor real.
Preguntas frecuentes sobre infravalorarse
¿Qué significa infravalorarse?
Significa percibir tus capacidades, logros o valor personal por debajo de lo que realmente son. No es solo inseguridad puntual, sino una forma repetida de tratarte como si valieras menos.
¿Es lo mismo infravalorarse que tener baja autoestima?
No exactamente, aunque están muy relacionados. La baja autoestima es una valoración global dañada de uno mismo; infravalorarse sería una de las maneras más frecuentes en que esa autoestima baja se expresa.
¿Qué significa ser una persona infravalorada?
Puede significar dos cosas: que otros no reconocen suficientemente su valor o, más frecuentemente en el plano psicológico, que la propia persona se mira de manera injustamente reducida y minimiza lo que vale.
¿Qué diferencia hay entre infravalorado y sobrevalorado?
Lo infravalorado se estima por debajo de su valor real; lo sobrevalorado, por encima. En el caso personal, infravalorarse implica rebajar las propias capacidades o méritos, mientras que sobrevalorarse implicaría exagerarlos.
¿Por qué me siento inferior a los demás?
Suele influir una mezcla de autocrítica, comparación, experiencias previas, necesidad de aprobación y una forma sesgada de medir tu valor. A veces también hay ansiedad, vergüenza o miedo al juicio que refuerzan esa sensación.
¿Se puede dejar de infravalorarse?
Sí, pero normalmente no ocurre de golpe. Requiere revisar pensamientos, historia personal, comparación, exigencia y la manera en que una persona interpreta sus fallos y aciertos. Con trabajo adecuado, esa mirada puede cambiar mucho.
¿Cuándo conviene pedir ayuda psicológica?
Cuando la infravaloración ya afecta a tu bienestar, a tus decisiones, a tus relaciones, a tu trabajo o a la tranquilidad con la que vives. También cuando sientes que por ti solo te cuesta mucho salir de ese patrón.
Apoyo psicológico para dejar de tratarte por debajo de tu valor
Si sientes que infravalorarse se ha vuelto parte de tu forma de pensar, de decidir o de relacionarte, puede ser útil trabajarlo con ayuda profesional. A veces el cambio empieza cuando dejas de exigirte más y empiezas a entenderte mejor.
Puedes pedir cita presencial en Santander (Cantabria) o valorar atención online para toda España.
También puede interesarte ampliar información sobre autoestima, ansiedad y estrés, síndrome de Solomon o apoyo psicológico para tomar decisiones con más seguridad.
ESTE SITIO WEB UTILIZA COOKIES PROPIAS Y DE TERCEROS PARA MEJORAR LA EXPERIENCIA DE NAVEGACIÓN DEL USUARIO Y REALIZAR ANÁLISIS ESTADÍSTICOS SOBRE SU UTILIZACIÓN. SI CONTINÚA NAVEGANDO SE CONSIDERARÁ QUE ACEPTA LA TOTALIDAD DE CONDICIONES DEL AVISO LEGAL, INCLUIDA LA POLÍTICA DE COOKIES.AceptoRejectLeer mas...
Aviso legal y Cookies
Privacy Overview
This website uses cookies to improve your experience while you navigate through the website. Out of these, the cookies that are categorized as necessary are stored on your browser as they are essential for the working of basic functionalities of the website. We also use third-party cookies that help us analyze and understand how you use this website. These cookies will be stored in your browser only with your consent. You also have the option to opt-out of these cookies. But opting out of some of these cookies may affect your browsing experience.
Necessary cookies are absolutely essential for the website to function properly. This category only includes cookies that ensures basic functionalities and security features of the website. These cookies do not store any personal information.
Any cookies that may not be particularly necessary for the website to function and is used specifically to collect user personal data via analytics, ads, other embedded contents are termed as non-necessary cookies. It is mandatory to procure user consent prior to running these cookies on your website.