Psicología área infantil en Santander: evaluación psicopedagógica y diagnostico AACC, TDAH…
18 abril, 2026
entre estos cerebros divergentes se pueden encontrar personas con altas capacidades, TDAH, dislexia y otros trastornos del neurodesarrollo.
TDAH, dislexia, altas capacidades y cerebros neurodivergentes
21 abril, 2026

Consecuencias del mal uso de la tecnología en adolescentes

Adolescentes · Santander · Cantabria

Consecuencias del mal uso de la tecnología en adolescentes

Las consecuencias del mal uso de la tecnología en adolescentes son hoy una preocupación real para muchas familias. Ya no hablamos solo de pasar demasiado tiempo con el móvil o con internet, sino de una forma de relación con la tecnología que puede afectar al sueño, al estudio, al estado de ánimo, a la autoestima, a la tolerancia a la frustración y a la vida familiar. En la adolescencia, el uso de redes sociales, vídeos, videojuegos, mensajería, pornografía online o consumo digital continuo puede convertirse en una fuente importante de estímulo, validación, escape y dependencia emocional. Por eso conviene mirar este tema con más profundidad y menos superficialidad.

La tecnología tiene ventajas evidentes. Facilita la comunicación, el aprendizaje, el acceso a información, la organización cotidiana y también ciertas formas de ocio y pertenencia social. El problema aparece cuando deja de ser una herramienta y empieza a ocupar demasiado espacio mental, emocional y relacional. Ahí es donde surgen muchas de las consecuencias del mal uso de la tecnología: irritabilidad, aislamiento, discusiones, peor descanso, dispersión, dependencia del móvil, comparación constante, pérdida de interés por otras actividades y una sensación cada vez mayor de que el adolescente vive más conectado a la pantalla que a su propia vida.

Esta página está pensada para ofrecer una guía clara y actual sobre tecnologías en los adolescentes, centrada sobre todo en causas, señales de alerta, consecuencias del mal uso de la tecnología y pautas de orientación. También sirve para diferenciar bien esta URL de la página general sobre adicción a las nuevas tecnologías y de la página específica sobre problemas de control con tecnologías en adultos, de modo que cada contenido tenga su propio enfoque y su propia intención de búsqueda.

consecuencias del mal uso de la tecnología en adolescentes

Qué vas a encontrar en esta página

  • Qué entendemos por mal uso de la tecnología en adolescentes
  • Por qué la adolescencia es una etapa especialmente vulnerable
  • Causas del uso excesivo de la tecnología
  • Señales de alerta en casa y en el instituto
  • Consecuencias emocionales del mal uso de la tecnología
  • Consecuencias cognitivas y académicas
  • Consecuencias familiares y sociales
  • Móvil, redes sociales, videojuegos y pornografía online
  • Qué hacer y qué no hacer como padres
  • Cuándo conviene pedir ayuda profesional
  • Recursos complementarios útiles

Qué entendemos por mal uso de la tecnología en adolescentes

Hablar de mal uso de la tecnología no significa demonizar internet, prohibir las redes sociales o pensar que todo adolescente que usa mucho el móvil tiene una adicción. Sería una visión demasiado simple. El problema no está en la existencia de la tecnología, sino en el tipo de relación que el adolescente establece con ella. Cuando el uso digital empieza a ser compulsivo, absorbente, difícil de limitar y claramente interferente en otras áreas de la vida, conviene dejar de hablar de “simple costumbre” y empezar a tomarlo más en serio.

En la adolescencia, las pantallas pueden ocupar muchas funciones al mismo tiempo. Sirven para entretenerse, estar en contacto con amigos, compararse, distraerse, no aburrirse, escapar de discusiones, evitar tareas incómodas, sentirse acompañado, regular el malestar o conseguir pequeñas recompensas inmediatas. Por eso la tecnología se integra con mucha facilidad en la vida emocional del adolescente. Lo que para un adulto puede ser una herramienta, para un adolescente puede convertirse en un espacio central de identidad, validación y refugio.

Decimos que hay un mal uso cuando el adolescente no consigue parar, cuando pierde la noción del tiempo, cuando responde con irritabilidad intensa si se le ponen límites, cuando se aísla, cuando el sueño se altera, cuando deja de interesarse por otras actividades, cuando baja el rendimiento escolar o cuando el mundo online empieza a pesar más que el mundo offline. También cuando el móvil o la red social se convierten en la respuesta automática a cualquier mínimo malestar.

En este sentido, las consecuencias del mal uso de la tecnología en adolescentes no dependen solo de las horas, aunque las horas importen. Dependen sobre todo de la función que cumple la pantalla, del grado de pérdida de control, del deterioro que ya está generando y de la dificultad real para sostener una vida más equilibrada sin esa conexión permanente.

“La tecnología no es el enemigo. El problema aparece cuando se convierte en una vía principal de regulación emocional, validación, escape y sobreestimulación dentro de una etapa especialmente vulnerable como la adolescencia.”

Por qué la adolescencia es una etapa especialmente vulnerable

La adolescencia es una etapa de construcción de identidad, necesidad de pertenencia, búsqueda de reconocimiento y gran sensibilidad a la opinión del grupo. También es una etapa de oscilaciones emocionales, impulsividad, deseo de autonomía y todavía escasa madurez en determinadas funciones de autocontrol. Todo esto hace que el entorno digital tenga un impacto mucho más potente que en otras edades.

Las redes sociales, la mensajería, los vídeos cortos, los videojuegos o determinadas dinámicas online ofrecen justo lo que en esta etapa resulta especialmente atractivo: pertenencia, comparación, visibilidad, novedad, emoción, gratificación rápida y la sensación de que siempre está pasando algo. Además, reducen al mínimo la necesidad de espera. Todo está disponible ya. Todo se puede consultar ya. Todo se puede compartir ya. Esta inmediatez encaja demasiado bien con una etapa en la que la capacidad de frenar impulsos todavía se está consolidando.

También hay que tener en cuenta que muchos adolescentes viven la tecnología como un espacio donde pueden compensar inseguridades, aburrimiento, soledad, miedo al rechazo o dificultades sociales presenciales. La pantalla ofrece una sensación de control que muchas veces la vida real no ofrece. Se puede borrar, editar, observar sin participar, estar y no estar, acercarse y retirarse. Eso la convierte en un entorno muy seductor, especialmente cuando la realidad cotidiana pesa demasiado o no resulta suficientemente gratificante.

Por eso, cuando se habla de causas del mal uso de la tecnología en adolescentes, no basta con decir que “les gusta mucho el móvil”. Hay detrás factores evolutivos, emocionales, sociales y familiares que conviene entender bien. Solo así se puede intervenir con más acierto y menos impulsividad.

Causas del mal uso de la tecnología en adolescentes

Las causas del mal uso de la tecnología suelen ser múltiples. Rara vez existe una única explicación. En algunos adolescentes pesa mucho la presión del grupo y el miedo a quedarse fuera. En otros influye más el aburrimiento, la dificultad para organizarse, la ansiedad, el aislamiento, la baja autoestima o la escasez de alternativas de ocio. A veces la tecnología se convierte en refugio porque fuera de ella hay demasiada incomodidad. Otras veces se convierte simplemente en el centro de la vida porque no ha habido límites suficientemente claros o porque el entorno adulto también vive hiperconectado.

Una causa muy frecuente es la necesidad de validación. La adolescencia es una etapa en la que importa mucho cómo me ven, si gusto, si pertenezco, si destaco, si me escriben o si me ignoran. Las redes sociales explotan precisamente ese punto sensible. Cada interacción online puede sentirse como una pequeña confirmación o una pequeña herida. Esto hace que algunos adolescentes se enganchen no tanto a la red en sí, sino a la esperanza de recibir atención, reconocimiento o pertenencia.

Otra causa importante es la evitación emocional. Hay adolescentes que usan el móvil, los vídeos, los videojuegos o determinadas plataformas para no pensar, no aburrirse, no estudiar, no sentir ansiedad, no discutir, no quedarse solos o no contactar con tristeza, rabia o inseguridad. La pantalla se convierte en un regulador emocional inmediato. El problema es que cuanto más se usa para no sentir, menos recursos se desarrollan para manejar el malestar por otras vías.

También influyen factores familiares y contextuales. La falta de normas claras, la incoherencia entre los adultos, la supervisión escasa, el uso excesivo de pantallas por parte del propio entorno, el regalo demasiado temprano del smartphone, la dificultad para poner límites o el uso de la pantalla como solución rápida a cualquier conflicto pueden favorecer mucho esta dinámica. No se trata de culpabilizar a los padres, sino de entender que el contexto importa mucho.

Y, por supuesto, también influyen las propias características del entorno digital: diseño adictivo, notificaciones, recompensas variables, scroll infinito, algoritmos, disponibilidad constante y contenidos que se ajustan muy bien a los intereses y vulnerabilidades de cada usuario. En este sentido, las causas del problema no están solo en el adolescente, sino también en un ecosistema tecnológico pensado para captar y retener su atención.

Señales de alerta de posible uso problemático de internet, móvil y redes sociales

Señales personales

  • Mentiras sobre el tiempo real de conexión
  • Intentos fallidos de limitar el uso del móvil o internet
  • Pérdida de la noción del tiempo
  • Irritabilidad intensa al desconectar
  • Necesidad de revisar el teléfono de forma constante
  • Uso digital como vía principal de escape o alivio
  • Inquietud o vacío cuando no hay pantalla

Señales de interferencia

  • Descenso del rendimiento escolar
  • Alteración del sueño
  • Menor interés por ocio no digital
  • Problemas de convivencia en casa
  • Aislamiento social presencial
  • Mayor impulsividad y menor tolerancia a la frustración
  • Quejas frecuentes de padres o profesores

Estas señales no tienen por qué significar siempre una adicción establecida, pero sí indican que la relación con la tecnología puede estar deteriorándose. En muchos casos el problema empieza de forma silenciosa: más móvil, más horas, más irritabilidad, menos ganas de salir, menos tolerancia a estudiar, más dificultad para dormir. Cuando estos cambios se consolidan, conviene dejar de esperar pasivamente y empezar a mirar el problema con más claridad.

También es importante distinguir entre una etapa puntual y una pauta estable. Un adolescente puede pasar unos días más pendiente del móvil sin que eso implique un problema serio. Pero si la tendencia se vuelve sostenida, si el malestar crece y si la pantalla empieza a colonizar demasiadas áreas de la vida, ya no estamos ante una simple racha.

Consecuencias emocionales del mal uso de la tecnología

Las consecuencias emocionales del mal uso de la tecnología en adolescentes son muy relevantes y, a menudo, las primeras que se notan en casa. Una de las más frecuentes es la irritabilidad. Cuanto más depende un adolescente de la pantalla para regularse o estimularse, más difícil le resulta tolerar la interrupción, el aburrimiento, la espera o el límite. Esto puede traducirse en enfados intensos, discusiones desproporcionadas o cambios de humor muy marcados cuando se le pide que desconecte.

Otra consecuencia habitual es la ansiedad. La necesidad de mirar el móvil, comprobar mensajes, revisar redes o no perderse nada genera una tensión interna que muchas veces el propio adolescente no sabe nombrar. Solo siente que necesita volver a mirar, volver a entrar, volver a comprobar. Esa dependencia del estímulo y de la respuesta externa crea una inestabilidad emocional importante.

La autoestima también puede verse muy afectada, especialmente cuando las redes sociales se convierten en espejo permanente. Compararse con otros, sentir que la propia vida es menos interesante, preocuparse excesivamente por la imagen, por la popularidad o por la reacción del grupo puede erosionar mucho la seguridad interna. El adolescente empieza a sentirse bien o mal en función de señales muy frágiles y muy externas.

También pueden aparecer vacío, desmotivación, mayor dificultad para disfrutar de actividades normales y una especie de empobrecimiento emocional. Cuanto más intensa es la dependencia de estímulos rápidos, más cuesta encontrar interés, placer o calma en experiencias cotidianas más lentas. Esa es otra de las grandes consecuencias del mal uso de la tecnología: el mundo real empieza a parecer demasiado poco estimulante.

mal uso de la tecnología y consecuencias emocionales en adolescentes

Consecuencias cognitivas y académicas

Entre las consecuencias cognitivas del mal uso de la tecnología destaca la fragmentación de la atención. El cerebro del adolescente se acostumbra a cambios rápidos de estímulo, a la novedad continua, a recompensas breves y a interrupciones constantes. Luego, cuando tiene que sentarse a estudiar, leer algo largo, concentrarse o sostener un esfuerzo sin recompensa inmediata, lo vive con mucha más dificultad. No es solo pereza. A menudo hay una auténtica pérdida de capacidad para mantener el foco de manera sostenida.

El rendimiento académico puede resentirse de varias formas. Una muy frecuente es la procrastinación: el adolescente posterga tareas, entra “un momento” al móvil y pierde mucho más tiempo del previsto. Otra es el cansancio por mal descanso. Si se duerme tarde por pantallas o se despierta durante la noche para mirar el teléfono, al día siguiente disminuyen la concentración, la memoria de trabajo, la paciencia y la motivación. También puede influir la propia saturación mental: demasiada información, demasiados estímulos, demasiadas interrupciones.

Además, el uso excesivo de tecnología dificulta el entrenamiento de habilidades importantes como la tolerancia al esfuerzo, la espera, la planificación y la capacidad de aburrirse sin huir inmediatamente hacia un estímulo. Estas habilidades son fundamentales para el estudio, para la organización personal y para el desarrollo madurativo. Cuando quedan debilitadas, todo cuesta más: empezar tareas, sostenerlas y terminarlas.

Por eso, cuando un adolescente rinde peor, se dispersa más o parece incapaz de concentrarse, conviene preguntarse también qué papel está jugando la tecnología. No siempre es la única explicación, pero muchas veces forma parte central del problema.

Consecuencias familiares y sociales

Las consecuencias del mal uso de la tecnología en la familia suelen ser muy visibles. Aparecen discusiones repetidas por horarios, por tiempos de uso, por el móvil en la mesa, por las noches, por el estudio, por el aislamiento o por la irritabilidad del adolescente. Muchas veces la relación entre padres e hijos se va tensionando progresivamente porque la pantalla se convierte en el eje de demasiados conflictos cotidianos.

También puede aparecer una presencia ausente. El adolescente está físicamente en casa, pero mentalmente en otro sitio. Come mirando el móvil, responde de forma mínima, se encierra, vive pendiente del mensaje o del juego y parece cada vez menos disponible para el contacto real. Esta desconexión no siempre implica falta de cariño o rechazo a la familia; a veces significa simplemente que el mundo digital ha ganado demasiado peso.

En el plano social ocurre algo parecido. No todos los adolescentes con problemas tecnológicos están aislados; algunos socializan muchísimo online. Pero puede producirse un deterioro de las habilidades presenciales, de la capacidad de sostener conversaciones cara a cara, de la tolerancia a la incomodidad social real o del interés por actividades fuera de pantalla. El grupo puede existir, pero existir sobre todo en formato digital.

Además, el mundo online también expone a riesgos específicos: ciberacoso, comparación extrema, contacto con desconocidos, contenidos inapropiados, sexting, sextorsión, grooming o juegos de azar online. No se trata de crear alarma continua, pero sí de tener claro que el mal uso de la tecnología no solo trae cansancio o discusiones: también puede abrir la puerta a experiencias muy dañinas si no existe acompañamiento y supervisión suficiente.

Móvil, redes sociales, videojuegos y pornografía online: no todo es lo mismo

Cuando una familia dice “mi hijo tiene un problema con la tecnología”, en realidad puede estar hablando de cosas muy distintas. No es igual un adolescente enganchado a redes sociales que otro absorbido por videojuegos, otro que vive pegado a la mensajería y otro que empieza a consumir pornografía online de forma repetitiva. Todas son formas de relación problemática con el entorno digital, pero cada una tiene matices distintos y conviene afinarlos bien.

En el caso del móvil y la mensajería, suele pesar mucho la conexión continua, la ansiedad por responder o ser respondido y la imposibilidad de desconectar. En las redes sociales pesan más la comparación, la exposición, la validación y el miedo a quedar fuera. En los videojuegos suele aparecer una mezcla de excitación, logro, refugio y dificultad para parar. En la pornografía online, el problema gira más alrededor de la impulsividad, el secreto, la búsqueda de estimulación y, en algunos casos, la regulación emocional.

Distinguir esto es importante porque no todas las intervenciones sirven para todo. A veces hay que trabajar más autoestima y comparación. Otras veces más impulsividad. Otras más vacío, ansiedad o soledad. Y otras más normas, horarios y supervisión. Lo que no suele funcionar bien es tratar todas las pantallas como si fueran exactamente lo mismo.

Qué hacer como padres: pautas útiles

Uno de los errores más frecuentes es reaccionar demasiado tarde o hacerlo solo a base de prohibiciones bruscas. Cuando el problema ya está instalado, quitar de golpe el móvil o imponer castigos sin un trabajo de fondo suele generar más conflicto que cambio real. Esto no significa que no haya que poner límites. Significa que los límites funcionan mejor cuando son claros, coherentes, sostenidos y acompañados de una lectura más profunda de lo que está pasando.

Una primera pauta importante es observar bien el problema antes de actuar impulsivamente. ¿Qué pantalla preocupa? ¿Qué horarios? ¿Qué consecuencias concretas está teniendo? ¿Qué emociones aparecen si se limita? ¿Qué ha ido perdiendo el adolescente? Cuanto mejor se comprende la dinámica, mejor se interviene. No es lo mismo un chico que se queda jugando hasta las dos de la mañana que una chica atrapada en redes sociales y comparación constante.

También conviene establecer normas realistas y consistentes: horarios de uso, espacios sin móvil, límites en dormitorios, cuidado del sueño, momentos familiares sin pantalla y reglas compartidas que no cambien cada día según el humor del adulto. La coherencia entre padres ayuda mucho. Y también ayuda que los adultos revisen su propio uso, porque es difícil pedir presencia y límite cuando en casa todos viven pegados al teléfono.

Otra pauta fundamental es no reducir el problema al castigo. Hace falta hablar, escuchar, comprender qué está encontrando el adolescente en la pantalla y qué le cuesta sostener fuera de ella. Sin este paso, el límite puede convertirse solo en guerra. Con este paso, el límite sigue siendo necesario, pero se vuelve más inteligible y más útil.

Qué no suele funcionar bien

Hay estrategias muy comprensibles que, sin embargo, no suelen funcionar bien a medio plazo. Una es la amenaza constante. Otra, los ultimatums exagerados. Otra, pedir explicaciones interminables en medio del enfado. Otra, entrar en una escalada diaria de vigilancia y persecución. Y otra muy frecuente es confiar toda la solución a herramientas externas de control sin trabajar la parte emocional, educativa y relacional.

Tampoco suele ayudar banalizar el problema con frases como “ya se le pasará”, “es lo normal en su edad” o “mientras esté en casa está seguro”. Esa actitud puede retrasar mucho una intervención útil. Del otro extremo, tampoco ayuda tratar cada uso intenso como una adicción grave sin matices. Lo eficaz suele estar en una posición más equilibrada: ver el problema con seriedad, sin dramatismos innecesarios y sin negaciones que lo invisibilicen.

Otra dificultad frecuente es convertir la tecnología en el único tema de conversación entre padres e hijos. Cuando toda la relación gira en torno al móvil, al estudio y a las broncas, el vínculo se empobrece y el adolescente se atrinchera más. Aunque haya que intervenir, también conviene preservar espacios donde la relación no sea solo corrección y control.

Cuando la situación preocupa de verdad, la vía adecuada no es mantener largas conversaciones telefónicas sobre el problema, sino solicitar cita profesional y valorar el caso dentro de un encuadre serio, con tiempo y con un plan de intervención claro.

Cuándo conviene pedir ayuda profesional

Conviene pedir ayuda cuando las consecuencias del mal uso de la tecnología ya son visibles y sostenidas: problemas de sueño, irritabilidad intensa, pérdida de control, descenso académico, aislamiento, discusiones continuas en casa, dependencia emocional del móvil o del entorno digital, o una sensación clara de que la situación se está yendo de las manos. También cuando el adolescente ha intentado limitarse y no puede, cuando responde con mucha agresividad a los límites o cuando aparecen otras dificultades añadidas como ansiedad, tristeza, desmotivación o bloqueo.

No hace falta esperar a tocar fondo. De hecho, en muchos casos la intervención resulta más útil precisamente cuando todavía existe margen para trabajar control de impulsos, regulación emocional, autoestima, hábitos, sueño, organización y límites familiares sin que el problema esté totalmente cronificado. Esperar demasiado suele hacer que la dependencia crezca y que la convivencia se desgaste más.

También conviene consultar cuando la familia ya no sabe cómo actuar sin entrar en conflicto permanente. A veces el problema no es solo la pantalla, sino la dinámica que se ha creado alrededor de ella: discusiones constantes, pérdida de autoridad, sensación de impotencia o ruptura del diálogo. En esas situaciones, una intervención bien orientada puede ayudar mucho a ordenar el problema y a intervenir de forma más eficaz.

¿Te preocupa el mal uso de la tecnología en un adolescente?

Cuando el móvil, las redes sociales, los videojuegos o internet ya están afectando al descanso, al estudio o a la convivencia, pedir ayuda a tiempo puede marcar una diferencia importante.

Solicita cita profesional

Recursos complementarios que sí encajan en esta página

Dentro de tus recursos, hay varios que encajan bien con esta temática porque ayudan a entender mejor el malestar emocional que a menudo sostiene el uso problemático de la tecnología. El taller sobre ansiedad puede resultar útil cuando el adolescente recurre a la pantalla para aliviar tensión, inquietud o vacío. El test psicológico puede servir como apoyo orientativo para explorar ansiedad, estrés, bajo estado de ánimo u obsesividad. Y el podcast sobre consumo de pornografía entre los más jóvenes conecta bien con una parte concreta pero cada vez más presente de este problema digital.

taller ansiedad adolescentes y tecnología

Taller sobre ansiedad

Puede ser útil cuando la ansiedad o la inquietud están empujando hacia un uso excesivo del móvil, internet o redes sociales.

Ver taller

test psicológico ansiedad estrés adolescentes

Test psicológico

Apoyo orientativo para explorar ansiedad, estrés, obsesiones o malestar emocional que pueda estar relacionado con la dependencia digital.

Acceder al test

podcast psicología adolescencia pornografía y tecnología

Podcast recomendado

Especialmente interesante el episodio sobre consumo de pornografía entre los más jóvenes y sus implicaciones actuales.

Escuchar episodio

Preguntas frecuentes sobre el mal uso de la tecnología en adolescentes

¿Cuáles son las principales consecuencias del mal uso de la tecnología en adolescentes?

Las más frecuentes son alteración del sueño, irritabilidad, peor concentración, descenso académico, dependencia del móvil, conflictos familiares, comparación social, ansiedad y pérdida de interés por actividades fuera de pantalla.

¿Cómo sé si es un uso normal o un problema real?

Conviene preocuparse cuando hay pérdida de control, dificultades para parar, malestar al desconectar e interferencia clara en el estudio, el sueño, la convivencia o la vida social presencial.

¿El problema está solo en el móvil?

No. Puede aparecer en redes sociales, videojuegos, mensajería, vídeos, pornografía online o apuestas. El móvil suele ser solo la puerta de acceso a distintas conductas digitales.

¿Prohibir el teléfono de golpe suele funcionar?

No siempre. A veces puede ser necesario limitar mucho, pero lo que mejor funciona suele ser combinar límites claros, supervisión, coherencia familiar y comprensión del problema de fondo.

¿Esta página sustituye a la de adicción a las nuevas tecnologías?

No. Esta URL está centrada en adolescentes y en las consecuencias del mal uso de la tecnología. La otra funciona como página general o pilar del clúster.

¿Cuándo conviene pedir cita?

Cuando ya hay pérdida de control, discusiones constantes, deterioro del descanso, problemas en los estudios, aislamiento o preocupación seria por parte de la familia.

Consecuencias del mal uso de la tecnología en adolescentes: una llamada a intervenir a tiempo

Las consecuencias del mal uso de la tecnología en adolescentes no siempre aparecen de golpe. A menudo se instalan poco a poco, casi sin ruido al principio: más horas de pantalla, más cansancio, más irritabilidad, más dependencia del móvil, menos interés por otras cosas, peor sueño, más dificultad para estudiar, más discusiones. Precisamente por eso muchas familias tardan en actuar. Cuando quieren hacerlo, el problema ya está bastante integrado en la vida diaria del adolescente.

Intervenir a tiempo no significa dramatizar ni convertir cada conflicto con el móvil en un diagnóstico grave. Significa observar, comprender y actuar antes de que la dinámica se consolide más. Significa también distinguir entre uso intenso y pérdida de control, entre hábito y dependencia, entre una etapa puntual y una pauta que ya está generando deterioro real.

Si te preocupan las tecnologías en los adolescentes, esta página está pensada precisamente para ofrecer un marco claro y útil. Y si además ya detectas consecuencias emocionales, académicas o familiares importantes, lo más prudente es solicitar una valoración profesional y dejar de improvisar sobre la marcha.

Solicita cita profesional

Atención en Santander mediante cita previa para valorar problemas relacionados con adolescentes, móvil, redes sociales, videojuegos, dependencia digital y consecuencias del mal uso de la tecnología.

Pedir cita

Comments are closed.