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Me siento culpable (II)

Hace unas semanas desmenuzábamos una parte del sentimiento de CULPA y hoy quiero detenerme en otro aspecto igualmente interesante, comenzaré con una pregunta; ¿Por qué preferimos sentirnos culpables ante situaciones que en el fondo sabemos que no lo somos? Y esto nos sucede constantemente, aunque normalmente no nos damos cuenta de ello a no ser que nos lo digan los demás, pero si nos examinamos a nosotros mismos veremos cómo la primera reacción es siempre culparnos de una mala circunstancia, decisión, acto…

 

Por supuesto hay excepciones, a todos nos llaman la atención esas personas que parecen carecer de sentido de culpa y la culpa siempre la tienen los demás, nunca ellos, ¿Quién no se ha sentido sorprendido ante este tipo de personas? pero efectivamente son las menos, porque la primera reacción de una persona ante un infortunio es echarse la culpa a sí mismo; «no lo supe ver», «no pensé que iba a pasar esto», «debí imaginar», «no pude llegar a tiempo», «le dije», «tenia que haber hecho»… y un largo etcétera infinito.

 

Pero ¿Por qué preferimos cargar con la culpa? la respuesta es que usamos la culpa para protegernos de la realidad. De la arbitraria e injusta realidad. Porque no hay sentimiento más devastador para el hombre que la falta de esperanza y control de las circunstancias.

 

Y una mujer maltratada preferirá sentirse culpable de lo mal que hace las cosas a reconocer que su pareja es un desalmado. Y una madre preferirá sentirse inútil por no encontrar la manera de ayudar a su hijo antes que reconocer que su hijo no quiere trabajar, y somos capaces de asumir errores que hemos cometido por la equivocación de otro, recordemos el anterior post sobre este tema en el que un muchacho se culpaba de mojarse por haber olvidado el paraguas, ¡No podemos controlar las nubes! pero podemos controlar no mojarnos usando un paraguas… agotador… Sentir que somos malos, incapaces, torpes… (Y volvamos al largo etcétera infinito) es mejor que asumir que no tenemos control sobre la realidad. Una realidad que nos golpeará como quiere y cuando quiere sin ningún miramiento hagamos lo que hagamos.

 

Mientras creamos que hay algo que podamos hacer habrá sentimiento de culpa, cuando nos resignamos y asumimos que no podemos hacer nada ante una situación, la culpa desaparece porque ya no tenemos nada que ver con ella. La culpa será de otro, y posiblemente de quien siempre la tiene; la vida, el azar, las circunstancias, la meteorología…

 

Evidentemente, alguna vez tenemos la culpa de cosas que pasan a nuestro alrededor, y provocamos consecuencias negativas en nuestra vida y/o en la de los demás. Esforzarnos para que nuestros actos no traigan desgracias es una responsabilidad moral necesaria.

 

Analizar nuestro grado de culpa es un examen costoso y agotador pero que con la práctica se producirá automáticamente en nuestra cabeza, porque la rutina juega a nuestro favor en este caso y solemos aplicar los mismos patrones de conducta a las mismas situaciones.

 

Conseguir canalizar un adecuado sentimiento de culpa en nosotros mismos y en los demás es uno de los ingredientes de la felicidad, relativa siempre, pero felicidad.

 

Montserrat
Montserrat
Montserrat Guerra Saiz es licenciada en Psicología y tiene una amplia experiencia en el campo de la psicología clínica, con casi 20 años de trabajo dentro del ámbito de la salud mental. Su formación y experiencia tiene objeto a todas las edades; adultos, adolescentes y niños.

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