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Me siento culpable (I)

Psicoterapia Santander – Siempre me ha llamado la atención lo fácil que es para muchas personas sentirse culpable, y lo fácil que resulta para otras hacer sentir culpable a los demás.

 

Lo vemos constantemente, personas que reaccionamos de forma distinta ante una misma situación, y en ello es fundamental cómo nos han enseñado a manejar el sentimiento de CULPA.

 

La culpa se mama, se adquiere desde la niñez, es un hábito aprendido, usado hasta la saciedad por las religiones, el sistema educativo, los padres… una educación basada en la culpa trae innumerables consecuencias negativas para el individuo, porque el niño aprende a sentirse culpable de lo que le rodea, como si pudiera controlar su propia vida, y efectivamente podemos controlar gran parte de esa vida, pero olvidamos esa otra gran parte que depende de las circunstancias, de los demás, de lo imprevisto, incluso de los errores y equivocaciones que como seres humanos imperfectos (afortunadamente) cometemos.

 

Encontrar y suministrar el grado de culpa adecuado es una de las asignaturas pendientes en la sociedad.

 

Porque inevitablemente nuestra mente siempre busca al culpable de una mala situación, este razonamiento forma parte de la necesidad de aprender, de no tropezar dos veces con la misma piedra, de evitar males mayores… pero a partir de aquí el razonamiento puede enrevesarse magistralmente.

 

Pongamos por ejemplo a Juan y Luis, ambos tienen 14 años y como cada mañana salen de casa para ir caminando a su centro de estudios. Pero ese día, repentinamente y a medio camino se pone a llover, llueve y llueve, y Juan piensa; «Tenía que haber cogido el paraguas, mi madre siempre me dice que lo meta en la mochila por si acaso llueve, soy un desastre», y Luis piensa; «Tenía que haber cogido el paraguas, mi madre siempre me dice que lo meta en la mochila por si acaso llueve, tiene razón y lo haré mañana».

 

Al llegar a casa por la tarde, la madre de Juan recrimina a su hijo que ha olvidado el paraguas; «Has olvidado el paraguas de nuevo, te lo he dicho mil veces, llegas mojado, ahora debes quitarte la ropa y tenderla, en vez de emplear ese tiempo en estudiar, y no acabará aquí, seguro que te has resfriado». Sin embargo, el tono de la madre de Luis es otro; «Has olvidado el paraguas de nuevo, llegas mojado y debes intentar no olvidarle mañana para que no te resfríes, es probable que llueva de nuevo».

 

¿De quién es la culpa de haber olvidado el paraguas? De Juan en el primer caso, y de la climatología en el segundo (o quizás de Luís… pero lo sea o no, no importa). No estamos diciendo que hay que tomarse las decisiones, los errores, la falta de previsión a la ligera, estamos diciendo que debe hacerse desde el espíritu constructivo y relativizar. Porque evidentemente, y pongamos de nuevo un ejemplo… conducir tras haber bebido alcohol es un acto que merece un gran reproche para inculcar un gran sentimiento de culpa necesario para que no se vuelva a repetir, pero olvidar un paraguas debería quedar en el mundo de las anécdotas.

 

El sentimiento de culpa tiene mucho que ver con las personalidades perfeccionistas y controladoras que tanto hacen sufrir a quien las parece.

 

Una tercera reacción a la de Juan y Luis podría ser; «Mi madre siempre me dice que coja el paraguas al salir de casa pero hoy no me lo ha dicho, y yo me he mojado por su culpa». ¿Puedes decirme que le dirá este tercer muchacho a su madre cuando regrese mojado a casa esa tarde? ¿Cómo ha sido la educación que ha recibido este muchacho? Quizás lleguemos a la conclusión de que tras eliminar el sentimiento de culpa hay que reemplazarle por otros valores.

 

Y tras esta reflexión, te invito a que continúes leyendo el post anterior del “Elefante Encadenado”, para que la culpa no sea una de esas cadenas que nos impiden avanzar, ni la perpetuemos a nuestra descendencia.

 

Montserrat
Montserrat
Montserrat Guerra Saiz es licenciada en Psicología y tiene una amplia experiencia en el campo de la psicología clínica, con casi 20 años de trabajo dentro del ámbito de la salud mental. Su formación y experiencia tiene objeto a todas las edades; adultos, adolescentes y niños.

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